No se afanen en ponerle nombre a la Gobernación del Huila

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Apenas comenzamos el décimo mes del año y todavía falta mucha agua por correr bajo el puente antes de aventurarnos a ponerle nombre al próximo gobernador del Huila. Las encuestas, por ahora, parecen más proclives a satisfacer vanidades que a retratar realidades. Algunos, en su afán de ganar recordación, hasta se inventan consultas sin rigor metodológico, diseñadas, aplicadas y tabuladas en verdaderos laboratorios de ficción estadística.

Sin embargo, vale la pena mirar el pasado para entender lo que debería exigirnos el futuro.

Los tres últimos gobernadores del Huila representan trayectorias académicas, profesionales y políticas que merecen consideración. Carlos Julio González Villa, psicólogo clínico, con formación especializada y una extensa carrera en el servicio público, fue concejal, diputado, representante a la Cámara, senador y gobernador. Su sucesor, Luis Enrique Dussán López, ingeniero civil y magíster en Gestión de Agronegocios, acumuló una importante experiencia en el sector agropecuario, ocupó responsabilidades directivas en importantes entidades del orden nacional y llegó a la Gobernación después de tres periodos como representante a la Cámara.

Hoy, Rodrigo Villalba Mosquera, abogado y especialista en Ciencias Políticas y Derecho Administrativo, ejerce nuevamente el primer cargo ejecutivo departamental. Su amplia hoja de vida comprende responsabilidades como juez de la República, alcalde de Rivera y Neiva, secretario general del Ministerio de Agricultura, gerente del INCORA, ministro de Agricultura, representante a la Cámara, senador de la República en varios periodos y gobernador del 2004 al 2007.

Más allá de las diferencias políticas o de los balances que cada administración merezca, hay un elemento común en estas trayectorias: formación académica, conocimiento del Estado, experiencia administrativa y una prolongada relación con las realidades del Huila.

Por eso, quien aspire a sucederlos debe comprender que gobernar un departamento no es un ejercicio de improvisación ni una recompensa a la popularidad. La responsabilidad exige preparación, liderazgo, conocimiento territorial y capacidad para administrar recursos públicos, articular instituciones y convertir las necesidades de la gente en soluciones concretas.

Quienes todavía no reúnen esas condiciones tienen tiempo para prepararse: estudiar, recorrer el territorio, escuchar a sus comunidades y conocer de primera mano las dificultades de sus municipios, corregimientos y veredas. Deben comprender que el Huila no se gobierna desde una fotografía, una consigna, unas vallas publicitarias colocadas a destiempo o una encuesta fabricada en bodega.

Ser gobernador no consiste simplemente en disponer de un presupuesto, nombrar funcionarios y ocupar un despacho. Significa asumir el timón de un departamento con enormes posibilidades, pero también con profundas necesidades aún sin atender, y conducirlo con inteligencia, carácter y visión de futuro.

El Huila necesita un liderazgo a la altura de su historia y de sus desafíos. No estamos para ensayos ni para aprender a gobernar sobre la marcha. Estamos para avanzar, con paso firme, hacia el progreso que esta hermosa tierra de promisión merece.

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Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

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