Hace unos días, sin habérselo preguntado, un alto dignatario departamental de la Alianza Verde, explicaba que había asistido a una reunión política de otro partido porque le dijeron que, si no se “alineaba” su hija perdería el “puestico”.
Sí eso pasa con alguien que tiene credencial y poder, imaginen lo que es el diario vivir de nuestras gentes, que, en su mayoría, como en el Huila, dependen del Estado para poder sobrevivir.
Lamentablemente, la situación descrita se vive todos los días, a lo largo y ancho de nuestro territorio, el Estado fue cooptado por la politiquería y fruto de su corruptela, a la mayoría de nuestras instituciones han llegado personas incapaces a dirigir nuestros destinos, con el único fin, de favorecer a sus “amigos inversionistas”.
Así llegan a serruchar los contratos sin preocuparse nunca por crear oportunidades para la gente, pues no entienden que el progreso de un país está en apoyar a los emprendedores y talentosos, de los que tenemos por montones en Colombia.
Cuando dejamos de participar en política nos volvemos cómplices de ese sistema perverso. Entregamos el espacio a los corruptos y clientelistas y nos resignamos a que ese círculo vicioso nunca cambie. De esta forma patrocinamos que nuestros empresarios no puedan progresar, que los talentosos se queden estancados y que no haya oportunidades pues estas se perderán dentro del círculo cerrado de “amigos” del politiquero. Tenemos que romper ese círculo y transitar hacia una sociedad abierta.
Durante toda mi vida he brindado oportunidades, he creado y colaborado en la generación de empresa. Sé lo que cuesta, porque, como a la mayoría de los colombianos, me ha tocado hacerlo a pulso, pero he demostrado que si es posible.
El progreso y desarrollo están en las alternativas que ofrezcamos a las personas para sacar adelante sus emprendimientos e ideas. Si lo hacemos utilizando el poder del Estado para fomentar la educación, la seguridad, la innovación y la infraestructura necesaria para lograrlo, podremos avanzar rápidamente hacia el progreso y generar riqueza y bienestar social.
En estas elecciones cambiaremos ese círculo vicioso por una espiral virtuosa que acabe con la politiquería tradicional y ponga personas capaces, integras y decentes en cabeza de nuestras instituciones. Ese proceso ya lo hicimos en Neiva, donde masivamente la ciudadanía eligió a mi amigo Lara Sánchez, a quien solo algunos pocos critican, que no ha dado “puesticos” ni contratos a quienes le ayudaron.
Algunos todavía no entienden que el poder no es para eso y no han advertido que el proceso de transformación de la política huilense ya inició y no se detendrá.
Hago un pacto ciudadano y me comprometo a seguir en ese camino junto a Sergio Fajardo que será el presidente de la nueva Colombia, esa que, en paz, será terreno abonado para la generación de oportunidades, progreso y desarrollo sostenible, en el que nadie tenga que doblegarse ni humillarse por tener un trabajo digno. ¡CLARO QUE SE PUEDE!
Esta será por ahora, mi última columna, nos vemos en marzo del 2018.
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Por: Diego Muñoz Marroquín – diegom@munozab.com
Twitter: @diegomunozhuila

