Coca, oro y violencia: el país que narra Simón Posada
Si de algo hemos oído hablar al recorrer la historia de Colombia es de los orígenes de la violencia, de las ambiciones desbordadas que llevaron a muchos al cadalso y de una violencia que, en no pocos casos, se ha vivido en carne propia.
Antes de escribir mi novela La conjura de un olvido, realicé una investigación minuciosa con el propósito de construir una historia cercana a la realidad, sin embellecer en exceso los paisajes ni edulcorar los hechos con palabras impostadas que pretendieran hacer menos cruda la verdad. En ella hablé de una violencia que no ha cesado de golpear a nuestra nación.
En La tierra de los tesoros tristes, el periodista y escritor colombiano Simón Posada despliega su destreza narrativa para abordar hechos relacionados con la ancestral planta sagrada conocida comúnmente como coca —Erythroxylum, en su denominación científica—, hoy convertida en dolor de cabeza de las autoridades en buena parte del mundo.
El fino y agudo olfato investigativo del autor le permite acceder a datos relacionados con una serie de episodios ocurridos en nuestro suelo patrio, que luego son relatados con notable amenidad. Posada expone, con solvencia literaria, un abanico de situaciones vividas a través del tiempo; y digo a través del tiempo porque, aunque el personaje Coriolano Amador pertenece al siglo XIX, la narración recorre momentos que se remontan incluso al origen y la evolución del planeta, recurso que le permite contextualizar ciertos pasajes del libro. Me atrevería a definir la obra —con el debido respeto por su autor— como una crónica novelada, o quizá como una novela con pulso de crónica.
Para escribir mi primera novela, El lavaperros, también emprendí una investigación rigurosa con el fin de comprender los intríngulis del negocio de la cocaína. Ese ejercicio me permitió entender por qué este fenómeno, lejos de menguar, parece incrementarse de manera permanente, pese a los esfuerzos institucionales por contenerlo.
Simón Posada, ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 2015 en la categoría de mejor crónica, ratifica en este libro los méritos que lo hicieron merecedor de dicho reconocimiento. Publicada bajo el sello de la editorial Aguilar, esta obra la he leído con detenimiento, sin afanes, como se degusta un buen cóctel o se disfruta de una conversación grata que invita a prolongar la noche.
Solo una pluma afinada como la de Posada Tamayo puede reavivar el interés por dos temas que, para cierta crítica especializada, podrían parecer exhaustos. Sin embargo, su capacidad para viajar por distintas épocas y entrelazar relatos convierte la lectura en una experiencia renovada y profundamente sugestiva.
Este es uno de esos libros destinados a permanecer cerca: sobre el escritorio o en el anaquel de la biblioteca reservado para aquellas obras a las que acudimos cuando necesitamos repasar episodios de la vida colombiana o, incluso, aprender lecciones de buen oficio narrativo.
El periodista y escritor Simón Posada Tamayo estará este veinte de febrero en la capital del Huila, invitado por la Corporación de Periodistas de Neiva, gracias a la gestión del escritor, periodista y crítico literario Marcos Fabián Herrera. En el marco de esta visita, presentará la obra aquí comentada y orientará una conferencia sobre los desafíos éticos en el uso de la inteligencia artificial en la reportería y el periodismo contemporáneo.
Adenda
Leer esta obra deber ser una meta ineludible para el primer trimestre del presente año.
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Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04



