La educación es la esperanza

Fernando es un joven de décimo grado, de una de nuestras instituciones educativas, con escasos 14 años de vida, su padre fue comandante paramilitar y murió en combate, su madre lo abandonó cuando tenía escasos 5 años, pues se consumió en las drogas y desde esa época lo acompaña en su crianza una tía que desempleada hace todo lo posible por que no le falte nada, para que pueda estudiar; es un joven alto, muy delgado, no como producto de la dieta, si no de aguantar física hambre, con un uniforme roto, zapatos descompuestos. Madruga para llegar al colegio y como todos los jóvenes, es rebelde, ha tenido varios llamados de atención por acciones contrarias a la convivencia y por ello, ha sido expulsado de la institución.

En Neiva, tenemos más de 51 mil estudiantes, muchos de ellos como Fernando, estudiantes que tienen una puerta ancha y fácil de penetrar que los incita a la violencia, al mundo de las drogas y a la delincuencia, en donde son atendidos con fraternidad y les ofrecen una salida así sea un salto al vacío.

Pero también existen otras 36 puertas, estas sí muy estrechas, farragosas y a veces con dificultades para acceder, pero que una vez son atravesadas los Fernandos, tienen un mundo de posibilidades para conocer que la vida ofrece diversas opciones y que las personas que se atrevieron a cruzar esas puertas y a no devolverse, hoy son personas ante todo felices con principios, con valores y con los conocimientos y la habilidades suficientes para no dejarse influenciar y torcerse en el camino, muy seguramente en este maravilloso espacio, conocerán el amor, la solidaridad, el respeto, el trabajo en equipo, la constancia y la disciplina, encarnadas en los conocimientos trasferidos generación tras generación,  en un cúmulo de saberes que precisamente se produjeron un ese milagro de la humanidad la academia, la escuela misma, hecha para personas que decidieron dejar el estado de naturaleza y moldear su comportamiento para ser agentes activos y transformadores de una sociedad participativa, incluyente y solidaria que no está dispuesta a dejarse vencer  por la indiferencia.

Tras de esas 36 puestas, (nuestras instituciones educativas) están los seres más importantes de nuestra sociedad, los maestros y maestras, quienes con sus conocimientos, aptitudes y habilidades, se constituyen en la esperanza  de que los Fernandos se van a motivar a no declinar en el intento, con una de las herramientas más poderosas creada por el ser humano, la pedagogía, se encargarán de reinventarlos, de seducirlos en el mejor sentido de la palabra, de convencerlos de que este es el mejor camino, en algunos casos, tendrá que suplir e incluso convertirse en la familia que ellos no tiene,  pues sus casas si a ello se le puede llamar así, en nada facilitan ese escenario de aprendizaje y de reproducción de los saberes para ser mejores personas, emprendedores, líderes que bajo la orientación de la ética y la estética son conscientes de lo importante que es la educación como un verdadero motor de transformación social.

Es el maestro el que enseña a orientar nuestro camino, a entender que las verdaderas luchas y que las verdaderas batallas son las que ganamos frente a nosotros mismo, cuando superamos el orgullo que nos aparta de la humildad y la generosidad, cuando combatimos la ignorancia, la desidia, la pereza o mediocridad que embarga una obra mal realizada.

Mis queridos y apreciados maestros, quiero hoy invitarlos nuevamente a continuar con la persistencia, la abnegación, con esa terquedad que los caracteriza para no desistir en la vocación de servicio, en la esperanza férrea de que la educación es el único camino posible para hacer cesar la horrible noche y que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, perdurarán por siempre insistiendo en que la solidaridad deben ayudarnos a vencer la indiferencia que pulula ante la pobreza extrema, ante la incertidumbre del cambio climático, ante la enfermedad de la corrupción que a  pesar de que tiene cura, se reinventa para recordarnos  que no es posible hacer un paso al costado y que se requiere a hombres y mujeres valientes que no dudarán un solo instante en anteponer la dignidad de las personas sobre los intereses mezquinos de una sociedad que camino al vacío se jacta de votar la comida frente al hambre de muchos a los que se le han cerrado las oportunidades gracias a la indiferencia.

Maestros y maestras, la elección que han tomado es igualmente farragosa como las 36 puertas abiertas, pero ustedes son los porteros y de ustedes depende que nuestros niños, niñas y jóvenes e incluso que nuestros adultos entiendan que la educación es el verdadero poder para acabar con todos los vicios sociales que hoy nos embargan.

Por ello los invitos a persistir, a inspirarse pero a traspirar también, tal como lo ha hecho cuando pisaron el primer día de clase en la aulas, los invito a no desfallecer, a no desanimarse, pues podrán caerse muchos puentes, edificios, podrán ocurrir terremotos, inviernos desmedidos o cualquier fenómeno natural, pero lo que no podremos permitir es que los sembradores de la esperanza ustedes mis queridos maestros y maestras desfallezcan, que Dios les bendiga.

Por: Alfredo Vargas Ortíz – alfredo.vargas@alcaldianeiva.gov.co
Twitter: @Alfredovargaso – Secretario de Educación

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