Ante el actuar caprichoso de algunos y la terquedad de otros, frente a lo que debería ser pero no es, me permito escribir unas palabras que para unos serán bazofia y para muchos tendrán algún sentido.
El filósofo y matemático francés Blaise Pascal, gran intelectual del siglo diecisiete, quien aportara tantos pensamientos en su prolífica vida, a pesar de haber vivido tan solo treinta y nueve años, expresó una frase que tal vez usted haya escuchado o leído, que dice: «El corazón tiene razones que la razón no entiende», no sé si para referirse a la testarudez de los enamorados, cuando pierden el sentido por ir detrás de otro ser sin medir las consecuencias, o para referirse a los políticos y gobernantes que por ser viscerales gobiernan más con el músculo principal que con el cerebro.
Y de la razón depende que los enamorados, los políticos o gobernantes entiendan que «La contradicción no es una señal de falsedad, ni la carencia de contradicción una señal de verdad», otra frase de Pascal para referirse a que cuando se pronuncia una crítica, no siempre se hace para dañar o para atacar, muchas veces se emite para ayudar a corregir y a enderezar el camino, aunque «La razón obra con lentitud, y con tantas miras, sobre tantos principios, que a cada momento se adormece o extravía. La pasión obra en un instante”, por ello es que el ímpetu de muchos nos conduce a cometer errores innecesarios.
Saber o entender cuándo se tiene la razón o quién tiene la razón es un asunto demasiado complicado cuando nos enfrentamos a vericuetos de la vida que nos obligan a tomar determinaciones trascendentales, por ello en muchas ocasiones nos atrevemos a arriesgarnos frente a situaciones, con medidas que solamente logramos evaluar luego de haber sido aplicadas, pues es tan incierto el camino que la duda necesariamente permanece en la toma de decisión.
Lo más indicado es que esos laudos sean aplicados con base en la responsabilidad, la razón, la experiencia, la sabiduría y el buen consejo, pues por más que nos creamos dueños de la verdad revelada, nuestro orgullo no puede enceguecernos al punto de llevarnos por el camino del abismo, pero en cambio si la nobleza y humildad encaminarnos por el sendero más apropiado.
No es fácil recibir críticas aunque sean positivas cuando se carece de hidalguía, en realidad éstas ofenden en la mayoría de los casos y nos producen generalmente molestias, pero solamente aquellos con altura y franqueza logran expresarlas de frente sin ambages y con respeto, pues como el mismo Blaise Pascal lo dijera: «Nadie habla en nuestra presencia del mismo modo que en nuestra ausencia. La sociedad humana está fundada en este mutuo engaño». Así que no solamente son amigos los que lo soplan a uno como si fuera una pequeña pluma para mantenernos en los aires, en ocasiones son más amigos los que tiran de nuestros pies y nos hacen ponerlos sobre el suelo firme para despertar y entender la realidad de las cosas. Pienso que así es que se entra verdaderamente en razón, entendiendo la verdad y aceptándola.
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Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa – hfco72@gmail.com

