- Las jefas de hogar presentan un 59% más de riesgo de depresión.
- Mujeres con orientaciones sexuales e identidades de género diversas enfrentan un 69% más de riesgo de depresión y un 61% más de conducta suicida.
- Contar con redes de apoyo sólidas puede reducir el riesgo de depresión hasta en un 43%.
Hasta octubre de 2025, Colombia registró 28.290 intentos de suicidio, el 63% protagonizados por mujeres, según el Instituto Nacional de Salud. Una cifra que no sorprende a la luz de un estudio del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género (OMEG), presentado por la Secretaría Distrital de la Mujer, que concluye que ser mujer en Bogotá es, en sí mismo, un factor de riesgo para la salud mental: la desigualdad de género, la sobrecarga de cuidados y los roles culturales impuestos elevan significativamente el riesgo de ansiedad, depresión y conductas suicidas.
Las cifras son especialmente críticas en dos poblaciones. Las jefas de hogar presentan un 59% más de riesgo de depresión, mientras que las mujeres con orientaciones sexuales e identidades de género diversas enfrentan un 69% más de riesgo de depresión y un 61% más de conducta suicida. El estudio señala frente a este panorama que contar con redes de apoyo sólidas puede reducir el riesgo de depresión hasta en un 43%, lo que evidencia el papel protector de los vínculos sociales.
Para Lorena Cudris-Torres, Doctora en Psicología y docente de ADIPA, plataforma de formación en psicología, estos resultados reflejan una acumulación de responsabilidades que impacta directamente el bienestar emocional de muchas mujeres. “Desde la práctica clínica vemos cómo la combinación de responsabilidad económica, trabajo doméstico y cuidado no remunerado genera una sobrecarga sostenida. Cuando estas cargas se acumulan incrementa el estrés crónico y reduce los espacios de descanso y autocuidado, factores directamente asociados al riesgo de depresión”, señala la especialista.
Más allá de la biología, los factores estructurales juegan un papel determinante. La desigualdad salarial, la precariedad laboral, la exposición a violencias basadas en género, la inseguridad económica y las barreras para acceder a servicios de salud mental configuran un entorno adverso para el bienestar emocional de las mujeres. A esto se suman los mandatos culturales que esperan de ellas ser cuidadoras principales, mantener la armonía familiar y priorizar las necesidades de otros sobre las propias.
Cudris-Torres advierte que en consulta estas situaciones tienen un patrón reconocible. “Suelen manifestarse como agotamiento persistente, sentimientos de culpa por ‘no estar haciendo suficiente’, dificultades para dormir, irritabilidad, sensación de desesperanza frente al futuro y, en algunos casos, síntomas somáticos como dolores de cabeza o musculares. También es frecuente encontrar una narrativa de autoexigencia elevada y escaso reconocimiento de los propios logros”, explica.
La profesional subraya la importancia de la detección temprana. “Si el cansancio no mejora con el descanso, si hay pérdida de interés en actividades antes gratificantes, cambios en el sueño, irritabilidad frecuente, dificultad para concentrarse o sentimientos recurrentes de culpa y desesperanza que persisten durante varias semanas, es fundamental buscar orientación profesional. La detección temprana facilita intervenciones más eficaces y previene la cronificación del malestar”, afirma Cudris-Torres.
Ante este panorama, la Secretaría Distrital de la Mujer destaca la urgencia de implementar políticas integrales que ataquen las causas estructurales del problema. El Sistema Distrital del Cuidado y la Ruta Única de Atención son señalados como mecanismos clave para proteger el bienestar mental de las bogotanas y redistribuir equitativamente las cargas de cuidado, en el marco de una ciudad que reconoce la salud mental femenina como una prioridad de política pública.

