En cirugía hay una regla no escrita que aprendemos temprano, no todo lo urgente es importante y no todo lo importante puede esperar. Confundir esas dos dimensiones cuesta caro. En el quirófano, esa confusión se traduce en errores. En un país, se traduce en décadas perdidas.
Colombia parece haberse acostumbrado a vivir en modo urgencia; reaccionamos, respondemos y corregimos sobre la marcha, pero rara vez planificamos con la profundidad que exige un sistema complejo. Actuamos como si cada problema fuera un evento aislado, cuando en realidad son síntomas de estructuras que no estamos dispuestos a revisar.
En medicina, tratar síntomas sin comprender la causa es, en el mejor de los casos, ineficiente y en el peor, peligroso; lo mismo ocurre con las decisiones públicas; reformas que cambian con cada gobierno, políticas educativas que no sobreviven a un periodo presidencial, sistemas de salud que se reconfiguran sin evaluar adecuadamente sus efectos previos. Todo parece moverse, pero poco parece consolidarse.
La pregunta importante es evidente: ¿estamos gobernando para la próxima elección o para la próxima generación?
Como cirujano, he aprendido que la técnica sin estrategia es vacía. Se puede operar bien y aun así fracasar si no se entiende el contexto, la evolución probable de la enfermedad y el impacto de cada decisión en el largo plazo. La precisión técnica es necesaria, pero no suficiente.
Como educador, veo el mismo problema en la formación; seguimos preparando profesionales para un mundo que ya cambió, enseñamos contenidos, pero no siempre enseñamos a pensar en sistemas, a anticipar escenarios, a tomar decisiones en incertidumbre.
Y como escritor, observo algo más profundo, una narrativa colectiva atrapada en el corto plazo. Nos cuesta imaginar el país que queremos ser, nos cuesta sostener conversaciones que no estén dominadas por la inmediatez.
Un país sin pensamiento estratégico no necesariamente se detiene, avanza, pero sin rumbo claro, y avanzar sin rumbo no es progreso, es simplemente desplazamiento. Esto no significa que la urgencia no importe. En medicina, ignorar una urgencia puede ser fatal, pero convertir toda la práctica en una cadena de urgencias impide pensar y sin pensamiento, no hay estrategia.
Colombia necesita algo que no se construye en titulares ni en debates reactivos; capacidad de anticipación. Pensar en escenarios, evaluar consecuencias a largo plazo, sostener políticas más allá de ciclos políticos, formar líderes capaces de decidir con información incompleta pero con visión clara. No es un problema de inteligencia sino de disciplina estratégica.
La buena noticia es que esto se puede aprender. Así como un cirujano entrena su juicio clínico, una sociedad puede entrenar su pensamiento de largo plazo, pero requiere algo poco popular; paciencia, coherencia y continuidad.
—
Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar
adonistupac@gmail.com
X: @saludempatica

