Ushas – Amanecer
En el año 2008, en la ciudad de Medellín, la entrega del premio a la “Innovación de las Américas”, fue hecha para un proyecto que consistía en la deshidratación y comercialización de huevo, en síntesis, el proyecto consistía en producir “huevo en polvo”.
Con todas las facilidades que para la industria alimenticia representaba el transporte, almacenamiento, durabilidad y muchas bondades más del producto, se le otorgó el galardón dentro de más de 800 proyectos que se presentaron al concurso.
No dudamos de la importancia del desarrollo premiado, que sin duda era innovador para la época, pues no existía alguien que produjera algo similar en Colombia; de igual manera, desconocemos qué análisis jurídicos y técnicos hacía a los proyectos presentados, el jurado encargado de otorgar el premio, pero de lo que si estamos seguros es que a los mismos no se les hizo ninguna revisión desde el punto de vista de propiedad intelectual.
Con una simple revisión a cualquier banco de patentes se hubiera establecido que desde 1932, es decir más de 75 años antes de la entrega del premio, ya existía en Estados Unidos una patente de invención precisamente para la producción de huevo en polvo, patente seguramente desconocida por la empresa colombiana ganadora y por supuesto por el jurado, como sucede con la mayoría de invenciones patentadas en el mundo que no son tenidas en cuenta por los empresarios, que en la mayoría de los casos las desconocen por completo.
Varias son las lecciones que deja la experiencia descrita, la primera, un producto puede llegar a ser innovador así haya pasado mucho tiempo de haberse descubierto, en el presente caso, seguramente la mayor innovación de la empresa ganadora fue poner en el mercado un producto que cubría muchas de las necesidades de la industria alimenticia, pues a pesar de ser un desarrollo creado desde tiempo atrás no se había implementado y puesto en el mercado, al menos en Colombia.
La segunda, conocer y utilizar los bancos de patentes puede ahorrar bastante tiempo, esfuerzo y dinero en cualquier proyecto de investigación y deberían ser materia obligada de consulta para quien se pretenda investigador.
Así como el huevo en polvo, son millones los desarrollos e invenciones de la humanidad que siguen en los anaqueles de las oficinas de patentes esperando a que algún “innovador” los saque de allí y los lleve de manera exitosa a los consumidores, pero lamentablemente la política pública en materia de propiedad intelectual siempre ha estado enfocada hacia su protección y no a su difusión y aprovechamiento, por lo que, el desconocimiento generalizado de la materia seguramente hará que tengamos que esperar varias décadas para otorgar nuevos premios a la innovación.
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Por: Diego Muñoz Marroquín


