El fin del mundo

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Hace cuatro años por esta época en medios y círculos sociales se comentaba sobre el fin del mundo. Según las profecías mayas, el mundo “se acabaría” el 21 de diciembre de 2012. A medida que se acercaba la polémica fecha, aumentaban las especulaciones sobre la veracidad de tales vaticinios que causaban angustia a una sociedad que consume gran parte de la oferta mediática diaria.

Las teorías sobre el fin del mundo están en textos, escritos por jerarcas eclesiásticos, que narran pormenores del catastrófico día, según su imaginario. Las teorías religiosas sobre el fin del mundo, asociadas a las de los mayas, aumentan el interés en especial en quienes le hacen seguimiento a estas gestas trascendentales.

Apelar al miedo es una estrategia muy poderosa, porque impacta el ámbito inconsciente del individuo, donde residen los temores y las angustias. Esta debilidad del ser humano es aprovechada por estafadores que van desde el robo individual hasta la estafa colectiva, y en casos como el del “pastor” religioso estadounidense que llevo a todos sus feligreses al suicidio, según él, para que estos no soportasen el tétrico día del “fin del mundo”.

Desde el punto de vista científico un gran meteoro podría impactar la tierra y acabar con la especie humana. Si tenemos en cuenta como se encuentra la luna por los impactos y, que esa fue la causa de la extinción de los dinosaurios en nuestro planeta; vemos que aunque la tierra es una pequeña diana, esta puede estar en gran riesgo. De hecho el 23 de marzo de 1989 un meteoro de 800 M3, pasó bien cerca de nosotros y, no se detectó, hasta que ya era tarde para detenerlo.

Aun así el gran riesgo está en nuestra propia esfera terrestre. En Estados Unidos hay por lo menos 3 volcanes dormidos, que si despiertan y explotan, cualquiera de estos, podría ser el fin de la humanidad. Lo que aún no se sabe es si ello puede ocurrir en 10 días o en diez mil años. Una catástrofe nuclear causada por el propio hombre en su locura expansionista o fanatismo religioso, podría anticipar el fin de la era humana.

Lo más importante es que cada uno de nosotros busquemos ese gran punto de equilibrio social, con equidad y respeto; pensando que el mundo es de todos. Y si queremos que no se nos acabe… hay que amarlo.

Por: Miguel Rodríguez Hortúa – miguel.rh12@hotmail.com

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