El difícil equilibrio

La exigencia de la comunidad de recibir una información completa, imparcial y equilibrada, y su derecho a obtenerla así, es el más serio  desafío profesional de  los periodistas.

Nadie puede exigirnos una “objetividad” imposible porque los periodistas no somos “objetos” sino “sujetos”, y por lo tanto actuamos “subjetivamente”, de acuerdo con nuestra educación, nuestros intereses, nuestras ideologías, nuestro medio ambiente, pero sí tienen derecho a que les informemos de mancera completa, sin ocultar ningún elemento esencial de la noticia; imparcial,  hasta donde ello  es posible, y equilibrada, sin perjudicar a ningún actor de ella.

Esto, en cuanto al periodista que tiene como misión profesional informar. Porque cuando se trata de  editorialistas y columnistas, a los elementos anteriores que tienen que respetarse, se agrega el derecho a divulgar su propia mirada  sobre  los hechos, exponiendo su subjetiva opinión sobres ellos. Es lo que se llama  LIBERTAD DE EXPRESIÓN, que es  la base de  la democracia, de la libertad de prensa  y  de la convivencia.

No es fácil mantener el  equilibrio en todas las oportunidades. El lente con que se mira, si soy partidario o estoy en la oposición de un funcionario público (presidente, gobernador, alcalde, juez, congresista, diputado o concejal), modula de tal manera la información y sobre todo la opinión, que un mismo hecho da lugar a diversas interpretaciones. Ser imparcial, no incurrir en  falsedades (las posverdades tan en boga en  esta época) es bien difícil.

Y no lo  logran sino mentes experimentadas, con sabiduría capaz de comprender al  otro,  de  no  desvirtuar  malévolamente sus  intenciones, de no acusarlo de lo que no es responsable, aunque sí lo sean sus subalternos y amigos.

En el juicio a los gobernantes, en particular, la dificultad se acrecienta. El afán  de defenderlo, cuando se es su partidario, o de atacarlo sin misericordia, cuando se está en oposición, distorsiona el criterio  mismo de  la  información y la opinión.

Hay que hacer, pues, un llamado a tirios y troyanos, a conservar el difícil equilibrio, a  no distorsionar la realidad  para someterla al lecho de Procusto de nuestras propias ideas  y aspiraciones.

Sacar de  los  hechos conclusiones  y teorías y no someterlos a que se adapten a nuestras  ideas y prejuicios, porque esa  ha sido la tragedia de grandes líderes: querer someter la realidad a que se comporte conforme a nuestras ideas preconcebidas.

Por: Delimiro Moreno – morenodelimiro@gmail.com 

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