A 13 meses de las elecciones al Congreso de la República, los sectores políticos empiezan a calentar para la carrera por las curules. Sin embargo, de momento, parece que muchos ya olvidaron las lecciones propias y de otros grupos en el pasado, que les ha costado sus curules.
La confianza en la política es una cuerda cada vez más débil, de la que por cientos de años, unos y otros, han tirado de acuerdo a sus intereses. Hoy no solo es muy débil, sino que además corre el riesgo de romperse en cualquier momento, y en el panorama no se ve a ningún sector tratando de evitarlo.
Por un lado, está la izquierda, representada por Leyla Rincón, quien logró la hazaña de alcanzar hace tres años un escaño en el Congreso, en un momento histórico en el que el país entero le apostó a un cambio. Su llegada, luego de su paso por el Concejo de Neiva, hacía esperar un ejercicio activo de control político, un liderazgo importante para jalonar recursos para la región y la presentación de proyectos fundamentales para el desarrollo del Huila. De momento ni lo uno, ni lo otro, y el tiempo se le acabó.
No logró encarar ese liderazgo que como congresista gobiernista podía tener, tampoco pudo consolidar unidad dentro de la izquierda en la región, y al contrario, se dejó́ endulzar por la mermelada burocrática, que la alejó de su electorado. Y para completar, concedió una de las pocas entrevistas que ha dado como congresista, a un medio regional, en la que dijo que buscará reelegirse, porque siente que sí le cumplió al departamento, y porque quiere aportar a que el Pacto Histórico se fortalezca en la región. Algo que sin duda cayó mal hasta para su mismo partido, que no se ve representado en ella.
Lo mismo ocurrió con Flora Perdomo, la representante del Partido Liberal, quien se alista para terminar su tercer periodo en el Congreso y va por el Cuarto. Al contrario que Leyla, a ella no le reprochan sus bases que quiera hacerse elegir una vez más; sin embargo, muchos sí creen que se ha estancado. Sin el hoy Gobernador en el Senado, quien era su fórmula histórica, Flora ha perdido protagonismo, liderazgo en la región y su voz se ha apagado en momentos coyunturales donde ha sido necesaria.
De ahí que muchos creen que por su experiencia debía haber tenido un protagonismo más activo ante los problemas y necesidades más importantes de la región, y sobre todo, ante la poca inversión que ha existido por parte del Gobierno Nacional. Aún así apareció en el mismo medio en una entrevista, y dijo que su partido buscará no una sino dos curules a la Cámara y recuperar el Senado. Algo que no cayó bien por supuesto.
Y no cae bien porque en su caso como en el caso de Leyla, a la gente le molesta que sea más importante el cálculo político del poder, que la representación y el liderazgo que ejerzan y que se olviden que quienes eligen son los mismos que esperan mucho más de ellos.
Un error que ya se presentó́ hace cuatro años, cuando muchos congresistas de la época se desconectaron de sus bases y al final el pueblo les pasó factura.
Eso mismo le está pasando a la hoy representante Luz Pastrana. Hace un año llegó al Congreso, luego que, a dos de los tres primeros de la lista de Cambio Radical, los sacaran por inhabilidad. El haber alcanzado una poca votación, le daban la libertad de hacer las cosas bien porque no tenía muchos compromisos y en cambio podía crecer mucho más.
Pero era lo que se pensaba. Sin embargo, no pasó. Hoy está más concentrada en hacerle oposición al gobierno, legislando desde TikTok y las redes sociales, que estando cerca de la gente. Es cierto que desde la oposición y sin poder burocrático no hay empleo que ofrecer, pero a los electores les importa más ser escuchados y que alguien abogue por sus problemas, que una promesa que no se pueda cumplir.
Está repitiendo la historia que en el pasado vivieron Álvaro Hernán Prada y Jaime Felipe Losada, quiénes alcanzaron una gran exposición nacional al hablarle duro a la guerrilla, tener posiciones fuertes contra la izquierda y defender el gobierno. Sin embargo, aún con burocracia, no pudieron sostener sus curules en el Congreso porque la gente les pasó factura, como quiera que muchas veces, se dejaron tentar más por los medios nacionales que por la realidad regional.
Y de eso no se salvan los tres congresistas que me faltan por mencionar: Esperanza Andrade que acaba de llegar, y que ha debilitado su partido, el Conservador, por la falta de liderazgo y el no permitir el crecimiento de figuras nuevas; Carlos Julio González totalmente ausente en las regiones y con poca figuración nacional; y Julio César Triana, quien parece más preocupado por dar el salto ahora al Senado, pensando en un escenario nacional, olvidando fortalecer las bases con las que ha crecido en lo local.
Esa desconexión es una clara muestra de lo que no se debe hacer y siguen haciendo los políticos, los que siguen pensando que para ser elegidos solo se necesita aparecer los últimos seis meses en las regiones, los que siguen desconectados de la realidad, los que no defienden los intereses de la gente, los que no toman posiciones claras y abiertas para no arriesgar el poder político que han alcanzado.
Por eso creo que estas próximas elecciones serán la oportunidad para la llegada de nuevos liderazgos y para castigar las viejas costumbres políticas, que tanto daño le hacen a la confianza electoral.
—
Por: Andrés Felipe González Díaz
Comunicador Social y Periodista
Especialista en Comunicación Digital
Asesor en Comunicación Política

