Me ha parecido una exageración, un absurdo y una osadía, la posición asumida por el senador Jhon Milton Rodríguez, quien llegó allí en representación de cierto sector del cristianismo, dado que en Colombia existen miles de fieles, iglesias y movimientos, todas respetables, y a sabiendas que alrededor de un 21% de la población colombiana se agrupa en confesiones cristianas, evangélicas pentecostales, protestantes y adventistas, mientras que el catolicismo en un 58%.
Ahora parece que DIOS hace su entrada en las pasarelas y altares políticos y no lamentablemente en el altar sagrado. En época electoral se notan los sesgos de opinión y de acción del ser humano cuando de asuntos políticos se trata, pues recordemos que el hombre más político que ha existido sobre la tierra fue Jesús de Nazaret, los demás aquí somos un simple remedo.
Quiero entonces recordar la frase salida de la boca del pastor representante de Dios en la tierra y al parecer dueño de la verdad revelada y del guión que se ha demarcado para los fieles sin criterio y mezquino amor por el prójimo, que infunden miedos soportados en la fe y se aprovechan de todo eso, para construir sus emporios económicos familiares.
Como la del senador Rodríguez quien dejó a su esposa como representante legal de la iglesia Misión Paz a las Naciones, una figura sin ánimo de lucro, y no pagan impuesto a la renta, lo que debió ser sometido en la discusión de la reforma tributaria para aplicar a todas iglesias sin importar el credo que profesan, pues aquí mismo en la tierra Dios quiere igualdad, generosidad, calmar el hambre intelectual y estomacal de sus hijos.
Vemos que dijo Jhon Milton “Yo pienso que el mensaje para Gustavo Petro es que no se desespere, -que no busque votación en el cristianismo porque aquí el cristianismo está bien representado-”; esta mención frente a lo que dijo Petro “Acá queremos un pacto con la paz, un pacto con el Jesús que prefiere a los pobres. Donde podamos convivir y querernos entre todos”.
Sinceramente, yo no encuentro la diferencia en el objetivo natural, de ambos lideres políticos, ambos mencionan principios y derechos superiores e inalienables, ambos soportados en una historia ancestral religiosa o de fe, ambos amparados en un mismo Dios y en su hijo que se hizo hombre para salvarnos a todos sin distingo alguno.
Entonces no sé de dónde le nace el derecho del senador cristiano, de imponer un veto personal a los contendores que buscan y podrían lograr el apoyo de sus feligreses, muchos de ellos que se han quitado el velo que los hacia esclavos de una fe errada, edificada sobre el hombre, ese mismo que es imperfecto y se equivoca.
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Por: Juan Felipe Molano Perdomo – jmolano74@hotmail.com
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