Cuando el cuervo se posa sobre Colombia

TSM Noticias
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Hay días en que la realidad parece escrita por Kafka y contada por Edgar Allan Poe. Colombia vive hoy uno de esos días.

No hace falta imaginación para encontrar a Josef K., el personaje de El proceso, caminando por nuestras calles. Lo veo en el campesino que no sabe quién manda en su territorio; en la familia que escucha una explosión y corre a cerrar puertas y ventanas; en el comerciante que paga una extorsión para abrir su negocio; en el ciudadano que mira las noticias y se pregunta qué será lo próximo.

Kafka no necesitó inventar demasiados monstruos, le bastó con poner al individuo frente a una maquinaria que nadie entiende y nadie parece responsable. Esa pesadilla también nos resulta familiar.

Basta observar lo que ocurre actualmente. En Ocaña, un ataque con drones del ELN contra una instalación militar dejó tres militares muertos. En el Catatumbo, otro ataque con explosivos desde un dron hirió a un adulto mayor. Y en el Cauca, ataques con drones y armas de fuego de largo alcance han obligado a pobladores a resguardarse mientras la violencia se acerca a las casas. La tecnología cambió, pero el miedo conserva el rostro.

El problema no es solamente la existencia de grupos armados, sino la sensación de que la violencia siempre encuentra una grieta por donde regresar. Cuando creemos haber cerrado una puerta, aparece otra amenaza.

Ahí entra Edgar Allan Poe. En El cuervo, un ave negra llega a la habitación de un hombre atormentado y repite unas palabras que terminan convirtiéndose en sentencia: “Nunca más”.

Eso quisiéramos decir en Colombia después de cada masacre, de cada secuestro, de cada niño reclutado, de cada soldado que no regresa a casa. Pero el cuervo vuelve y vuelve.

Ese es quizás nuestro drama más profundo: la violencia colombiana tiene memoria, pero nosotros parecemos condenados a olvidar.

Cambiamos gobiernos y estrategias. Hablamos de paz, seguridad, sometimiento, negociación y guerra. Se anuncian operaciones y capturas. Pero una victoria militar pierde buena parte de su sentido si, después de que los uniformados se retiran, regresan los fusiles clandestinos.

El Estado no puede limitarse a llegar cuando ya han disparado. Tiene que llegar antes, con justicia, educación, salud, vías, empleo, oportunidades y presencia institucional.

Porque donde el Estado deja un vacío, alguien termina ocupándolo, y ese alguien nunca llega con libros; generalmente llega a sembrar miedo.

Colombia no puede seguir viviendo como Josef K., esperando que alguien le explique por qué está aprisionada. Tampoco puede continuar escuchando indefinidamente al cuervo repetir su oscuro “Nunca más”.

Hay que romper el círculo vicioso, pues una sociedad no pierde la libertad solamente cuando los violentos toman las armas. También comienza a perderla cuando el miedo se vuelve cotidiano, cuando la muerte deja de sorprendernos y cuando aprendemos a preguntar no quién será castigado, sino quién será la próxima víctima. Porque mientras el miedo siga gobernando nuestras calles, el cuervo seguirá regresando.

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Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

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