Comfamiliar del Huila también es orgullo huilense

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Mencionar a Comfamiliar del Huila trae a la mente y colación el recuerdo de un gran escándalo por corrupción que se suscitó hace algún tiempo en este departamento relacionado con esta entidad y que terminó en la captura del Director Ejecutivo de ese momento, quien a la fecha aún no ha sido condenado y goza del beneficio de casa por cárcel.

Por encima de esta infortunada situación que enlodó el buen nombre de esta Caja de Compensación Familiar, debemos tener en cuenta que la iglesia no es el templo ni es el cura, sino sus fieles; así que Comfamiliar no era ni es el director, sino los empresarios, los afiliados o beneficiarios y los empleados todos, de tal suerte que Comfamiliar del Huila hoy si es orgullo huilense.

El sistema del subsidio familiar nace en Colombia en 1954 por iniciativa de algunos empleadores de la ANDI, como una ayuda voluntaria que buscaba aliviar las cargas económicas que representaba la familia para los trabajadores. A partir de 1957, mediante el decreto extraordinario 118, al subsidio se le dio carácter de Prestación Social Obligatoria. Durante el periodo comprendido entre 1957 y 1969 la función de las Cajas de Compensación se limitó a recaudar aportes empresariales y pagar el subsidio familiar en dinero a los trabajadores beneficiarios, pero en esta misma época se promulgó una ley que autorizaba a estas entidades para implementar el concepto de subsidio familiar en servicios, tal como existe en este momento.

La Caja de Compensación Familiar del Huila comienza a funcionar en el año de 1966 con el liderazgo de Álvaro Escobar Fierro, pasando por manos de otras conocidas personalidades, quienes la condujeron, algunos con certeza y otros con torpeza, pero al final logró posicionarse como una de las Cajas más importantes del país, la cual genera cerca de mil trescientos cincuenta empleos entre directos y temporales, aparte de los indirectos y de prestación de servicios.

Actualmente casi medio millón de personas se benefician de los múltiples servicios que presta esta importante organización, con los que se hace un aporte muy significativo en procura de mejorar la calidad de vida de los vinculados, es decir afiliados y beneficiarios.

A pesar de haber salido adelante, enfrentando más de una crisis y habiéndose consolidado y ser hoy en día una entidad que vela por el bienestar social de los trabajadores formales del Huila, existen organizaciones sindicales que han venido afectando ostensiblemente la estabilidad económica y financiera de la mencionada Caja.

Realmente es lamentable que Sinaltracomfa, Asotrancomfah, Sintracompensa, Asintracomfa, Sintracomfa y Sintracomfh, perdiendo el norte y el sentido estén empecinados en matar a la gallinita de los huevos de oro, la misma que les ha dado de comer a sus integrantes y a sus familias; no concibo la idea del perro que le muerde la mano a su amigo cuando éste le da de comer, me parece un despropósito que supera la exageración mayor.

Quienes han disfrutado de las bondades de esta entidad no creo que estén contentos con esta situación y opino que medio Huila lo ha hecho, o quién no ha visitado alguna vez Playa Juncal, o Comfamiliar Los lagos, o Termales de Rivera, o se ha hospedado en el Hotel Timanco en Pitalito, o ha aprovechado las promociones de los Hipermercados para surtir su alacena y llenar su nevera, sin mencionar otros servicios como los de la EPS, del Colegio, etc.

Con el respeto que merecen los compañeros sindicalistas, pienso que están en un gran error al irse lanza en ristre contra su compañía, creo que se mostrarían mucho más reflexivos, sensatos y empoderados con la causa si más bien rodean a los directivos de la Caja, apoyan su gestión y concertan unos acuerdos aterrizados, justos y de beneficio para todos, y todos no son los sindicalizados y los directivos, todos significa mil trescientos cincuenta empleados entre directos y temporales, aparte de los indirectos y de prestación de servicios; todos significa más de cien mil afiliados; todos significa cerca de medio millón de beneficiarios; todos no son cuatrocientos sindicalistas solamente.

Así que pongamos en práctica aquella máxima de Tomás de Aquino que dice: “El bien común supera el bien particular”.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04

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