Un convenio de asociación prometía construir 24 carrozas nuevas con identidad cultural del Huila. Pero lo que llegó a las festividades del San Pedro en Pitalito fueron estructuras recicladas y alquiladas desde Nariño, ajenas a la tradición local.
La Alcaldía de Pitalito, a través del Instituto de Cultura, Recreación y Deporte, firmó en 2025 el convenio de asociación 006 por $187.985.000 con la Unión Temporal Vida, Amor y Paz. El objeto era claro: construir 24 carrozas nuevas y fortalecer el arte local. Sin embargo, la comunidad presenció un desfile con carrozas recicladas, provenientes de Pasto, sin una sola alegoría al Huila. Lo que debía ser una inversión en identidad, terminó siendo un costoso alquiler de decorados ajenos.
El contrato fue suscrito por Paula Andrea Guzmán Torres, directora del Instituto de Cultura, y Adriana María Esquivel Cardoso, representante legal de la firma contratista. Según el convenio, el propósito era aunar esfuerzos técnicos, administrativos y financieros para la construcción de 24 carrozas nuevas, basadas en expresiones culturales propias del municipio de Pitalito, y además realizar talleres de capacitación para artesanos locales.
Pero ninguna carroza fue construida. Tras un análisis visual y documental de los desfiles realizados, se constató que todas las carrozas fueron traídas desde Pasto, recicladas de eventos anteriores, con mínimos retoques de pintura o restauración. No solo se incumplió el contrato, sino que lo ejecutado terminó siendo un alquiler disfrazado de convenio de asociación.
Lo más grave es el contenido visual y simbólico de esas carrozas: figuras como elefantes, sapos amazónicos y escenas que nada tienen que ver con la tradición huilense. En vez de exaltar los símbolos del sur del Huila —su café, sus mitos, sus fiestas— se impusieron elementos foráneos que vaciaron de identidad al evento cultural más importante del año.
Varios artesanos laboyanos, que históricamente han participado en estas festividades, denunciaron su exclusión total. Uno de ellos, que pidió no revelar su nombre por temor a represalias, lo resumió así:
“Nos vendieron la idea de que este año era para nosotros, para recuperar lo nuestro. Pero lo que hicieron fue contratar afuera y traerse todo de allá. Ni nos llamaron, ni preguntaron. Solo trajeron cosas hechas, ajenas. Un arriendo de cultura”.
Este caso expone un doble incumplimiento: jurídico y cultural. Jurídico, porque el contrato especificaba la construcción de nuevas carrozas, no el alquiler de piezas recicladas. Cultural, porque desconoció el arte, la historia y el relato de la región.
El valor de casi $188 millones debió generar empleo local, formación para los artesanos y visibilidad para los procesos culturales de Pitalito. Pero el resultado fue el pago de una suma elevada a una firma foránea, con cero impacto en el tejido cultural del Huila.
La Unión Temporal Vida, Amor y Paz no tiene trayectoria reconocida en el ámbito cultural huilense. ¿Por qué fue seleccionada? ¿Qué criterios se usaron para avalar esta ejecución? ¿Dónde estuvieron la supervisión, la interventoría y el control político?
¿Pitalito pagó por fortalecer su identidad o por alquilar un espectáculo ajeno? El contrato 006 de 2025 se convirtió en un símbolo de lo que no debe pasar: usar recursos públicos para importar cultura reciclada, mientras los artistas del territorio son invisibilizados. La pregunta sigue abierta: ¿quién responde por los $187 millones gastados en una fiesta sin alma huilense?












