Betania: generar energía o producir comida

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Son tan evidentes los problemas que se derivan de las alteraciones del clima ocasionados por los desmanes en el aprovechamiento y uso de recursos naturales minerales y generadores de energía, que las agendas de quienes influyen desde el poder incluyen los temas ambientales.

Al mismo tiempo, personalidades y organizaciones de la sociedad civil promueven la discusión de estos asuntos desde ópticas racionales hasta las más absurdas, que culpan a la ciencia del desastre.

La única manera en que la sociedad puede sobrevivir siempre será sobre la base de alterar el equilibrio ecológico, no es posible mantener una actitud contemplativa; sería su muerte.

En general, todo progreso tecnológico implica el uso por parte de la sociedad de un nuevo conocimiento de las leyes de la naturaleza y por tanto de su modificación.

Las especies vegetales o animales tienen ciclos de vida que pueden ser alterados mediante la manipulación genética, al mismo tiempo puede incorporarse genes que potencien su resistencia a elementos patógenos o plagas que interfieran con su desarrollo. Conocimiento fundamental en la producción de alimentos.

Estas transformaciones de la naturaleza serán devastadoras o constructivas dependiendo del carácter de clase en el poder y del nivel de desarrollo de la organización social.

Lo que acontece estos días en la represa de Betania es una radiografía exacta del ordenamiento social en Colombia; por una parte la multinacional propietaria del proyecto que está aprovechando al máximo el caudal reducido del embalse por cuenta del rudo verano que hemos tenido para generar los kilovatios que demandan sus clientes y asegurar la cuota de ganancia a los inversionistas; por el otro los piscicultores instalados en el espejo de agua con angustia observan como la reducción del mismo deja al descubierto enormes capas de lodo que impide las labores de atención a sus alevinos, se vuelve complejo alimentarlos, la reducción de niveles de oxígeno provoca la muerte de miles de peces que tampoco se pueden evacuar, el caos y pérdidas enormes ponen en riesgo su inversión.

Por supuesto el interés de la multinacional prevalece, no existe autoridad que los obligue a regular el manejo del agua de la presa y los empresarios nacionales quedan al garete con la única opción de alguna compensación por parte del gobierno nacional; de darse, saldrá de los recursos que los colombianos entregamos al fisco nacional. La represa no es el problema, lo es quiénes y cómo la manejan.

Mientras persista este modelo de sociedad nunca podremos enrutar la nación por la vía del progreso, el interes extranjero difícilmente coincidirá con el nacional. O decidimos sobre la base de proteger nuestro interés o continuamos siendo la vaca lechera del capital transnacional empobreciendo al país y sus gentes.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com
Twitter: @libardogomezs

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