Cifras y conceptos lo dicen, pero no exactamente la firma encuestadora, sino la percepción y sentimiento de carne y hueso, la que se siente en las calles, la que se recoge desde el descontento y la decepción profunda de los huilenses.
Parece ser una situación cíclica, que cuando se tiene un buen alcalde en la capital, tenemos un fofo gobernador o viceversa, es decir uno de los dos esta mayoritariamente sintonizado con su pueblo y sus necesidades, que es mediático para resolver los asuntos, que cumple lo prometido, que recibe en su despacho a sus electores y a quienes no lo fueron, que dejan a un lado las rencillas de campaña, que nombran un gabinete de amigos y colaboradores con experiencia, honestos y diligentes, si importar que sean de su partido o de otro, o que representen a las subregiones, en fin es un funcionario superior a sus intereses y aplicado 24-7 a su función.
Muchos no actúan de esta forma, tal vez por que no sienten ese deber en la sangre y en cada palpito del corazón, otros porque realmente no era su propósito de vida, otros se encontraron con esa magna oportunidad y no les interesa aprovecharla para trascender o dejar buena huella para otras generaciones y otros porque la vida los pone en encrucijadas del alma y los pone a prueba más allá de lo humano.
Sin embargo, las cifras detalladas de alcaldes y gobernador en el Huila, parece estar dándole la razón al ciudadano, pues han pasado más de 18 meses y no ven que el plan de gobierno avance, no ven obras de infraestructura, no ven dinámica económica, no ven oportunidades desde el aparato institucional, y ello profundizado por la pandemia, que les enseño a vivir sin las promesas políticas de cada campaña y ahora están exigiendo resultados verificables.
Hoy tenemos cinco revocatorias en tránsito en los municipios de Gigante, Pitalito, Campoalegre, Isnos y Garzón, se rumoran la del gobernador Dussan cuyo comité se está alistando, la de los municipios de Yaguará, Palermo y Algeciras; en Colombia han sido solicitadas 80 revocatorias, pero sabemos que dichos trámites no terminan con un resultado positivo por los mismos promotores inexpertos y muestra de ello es que desde 1991 solo una concluyó con la revocatoria de un alcalde, el de Tasco Boyacá, en el año 2018.
Lo interesante de este asunto es que cuando un gobernante es convocado a este proceso democrático es un mal síntoma de su gobierno, ya se ha producido una ruptura de la confianza con el ciudadano de la cual ya no se repone y su futuro quedara marcado muy mal políticamente, es una alerta para que enderece su rumbo, es un llamado a gritos para que dejen las malas acciones de gobierno, dejen tanta presunta corrupción, tantos malos tratos, dejen de convertirse en los nuevos empresarios privados y en los nuevos ricos de la región.
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Por: Juan Felipe Molano Perdomo – jmolano74@hotmail.com
Twitter: @JuanFelipeMola8


