¡Hampones!

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¿Y qué pasó con la Licorera del Huila, Telehuila, Corpoforestal S.A, Conasa S.A, Procefrutas, Ferroaliaciones, Proceal S.A?

Mi abuelo quien falleció a sus 94 años, fue un hombre formado en pleno frente nacional, hijo y víctima de las violencias partidistas, desde niño se constituyó en los primeros colonizadores de Algeciras, pueblo que trae a mi mente algunas charlas en su parque principal, con él, sentado junto a mí y me decía que solo un país podría avanzar en la medida que el Estado fuera el motor de impulso para generar riqueza.

A mis tempranos 15 años le pregunté ¿abuelo y cómo se hace para que los alcaldes, gobernadores y un presidente de Colombia, se proponga minimizar la falta de oportunidades para vivir mejor?, y él, en su más básica expresión recuerdo, mencionó con voz recia, “facilísimo, que no sean hampones, que no se roben los dineros públicos, que no se roben la esperanza de sus ciudadanos, que no se roben la sonrisa de un niño, que no se roben la alimentación escolar, que los servicios públicos cuesten lo básico (no para generar utilidades monetarias sino sociales), que llegue el Estado a las más apartadas regiones del país, que la salud no sea más un negocio, que no le pidan coimas a los contratistas y así no se desfinancian los proyectos y no se hacen tan de mala calidad y no obligan el cambio de diseños y adiciones, que los órganos de control actúen y no sean más que un aliado de esos corruptos dejando prescribir las sanciones y caducar las acciones judiciales, que la pobreza no sea un obstáculo para ser grandes como país sino un vehículo para superarnos como personas y como nación, que el que nace pobre no tiene por qué vivir y morir pobre”.

Prosiguió entonces, con el lenguaje de lo que era, un gran lector, “entre las décadas de los 80 y los 90, el país se volcó a surtir la economía de los colombianos y a sustentar el presupuesto nacional desde la intervención del Estado con el desarrollo empresarial y por ello nacieron un número importante de empresas con aporte de capital estatal, pero que corrieron la misma suerte del fracaso y la ruina para muchas familias, accionistas y entes territoriales”.

Acto seguido y para que yo no me desanimara me dijo “lo importante ahora es encontrar las razones que las llevaron a esto, y lograr  entender su importancia  y su peso en la sociedad capitalista en la que decimos vivir, pero que siendo ellas tan buenas y productivas, los políticos y dirigentes las desprestigiaron hasta acabarlas o ponerlas a su servicio en manos de terceros, escondiendo sus verdaderos dueños que en muchos casos fueron los mismos políticos que denigraron de ellas y las mostraron como insostenibles e insalvables para comerte el hurto disfrazado”.

Para ejemplificar el titular de este artículo, y que usted saque sus propias conclusiones, en 1997 un gobernador señaló que la Industria Licorera del Huila sería suprimida,  argumentando que su crítica situación financiera, agravada por la pesada carga laboral que significaba el pago de la convención colectiva, lo que años después terminó siendo un acto de fina hamponeria, pues el sindicato había firmado desistir de tantas prebendas pactadas para salvar la empresa, pero les hicieron conejo, por eso hoy cursa una demanda multimillonaria aceptada por la  Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en contra del departamento del Huila y a favor de 81 extrabajadores.

Nuestra licorera, fue tal vez la mejor y más grande empresa del patrimonio de los huilenses, la misma que hoy día sus productos se venden sin problema y dan utilidades tan buenas que con el modelo de negocio concesionado hace varios años, hace ganar a los operadores de nuestra marca y formula, gana el departamento y ganan los hampones, pasando en utilidades netas superiores al 18%.

En definitiva, para cerrar este capítulo nos dimos cuenta que han pasado más de siete gobernadores y cientos de diputados y no encontramos la mejor opción para nuestra marca regional, estamos en un departamento mágico, donde los sordos oyen a los mudos y los ciegos ven a los hampones, cosa que no ven los órganos de control, por eso debemos pensar en volver a crear nuestra industria licorera.

Y hasta aquí para que ustedes indaguen por las otras tantas empresas que nos quitó nuestra dirigencia política, presiento que muchos de ellos me están leyendo, otros ya están muertos, pero todos saben a quienes me refiero.

En el Huila dijo mi abuelo, “intentamos desde 1988 pasar del sueño a la realidad pues se avanzó en electrificación, gasificación, proyectos de irrigación, acueducto y alcantarillado, pero lamentablemente, el tema agroindustrial quedó sólo en la memoria de los huilenses para un verdadero desarrollo agroindustrial. Entendimos que un plan de gobierno para el desarrollo es para varios periodos de ejecución   planteando una estructura lógica, que sea suficiente para la real industrialización del Huila, dándole valor agregado a la agricultura”.

Así las cosas, luego de tantos años y yo intentando comunicarme con usted señor lector, siento la inmensa necesidad de promover unos liderazgos limpios y emprendedores, que no le teman al discenso y la crítica, que no teman competir con la vieja clase política, que sí es posible con el voto de opinión cambiar este país, que debemos cambiar al menos el 70% de los actuales congresistas para hacer leyes sociales y para el desarrollo de las regiones.

Que necesitamos gobernantes que tengan la visión de vincular inversionistas externos con el fin de impulsar grandes empresas, fabricas, industrias, que generaran riqueza y empleo en el departamento, volviendo a que el Estado (gobernación y alcaldías) se apunten a crear y apoyar empresas como socios estratégicos, operar mediante la economía mixta, con exitosos ejemplos como la India, Hong Kong, Estados Unidos y Canadá.

Por: Juan Felipe Molano Perdomo – jmolano74@hotmail.com
Twitter: @JuanFelipeMola8

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