Un café con Dios II

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En una de mis ya comunes vueltas sin rumbo fijo, por el bello pueblo que me vio crecer y que hoy me ve cavilar, al respecto de múltiples aspectos que pueden turbar mi mente, como un deja vu, me encontraba conduciendo mi carro y a tan baja velocidad vía al Parque Arqueológico, que prácticamente parecía estacionado, y preguntándole a mis ancestros por temas de mi vida que solo puede responder un ser superior a ellos.

Recuerdo que en tiempo anterior invoqué la sabiduría del Creador del universo y que en un café, que decidió aceptar, me dio múltiples respuestas a cuantas preguntas acerté  realizar; por eso hoy, con un tono menos desafiante, mucho más humilde y reconociendo que solo Él tiene el control de todo, decidí invitarlo nuevamente a un café, pero esta vez sería yo quien pondría el sitio de reunión.

Así es como me dirigí a un café en el perímetro urbano de mi pueblo y en la mesa donde siempre acostumbro a hacerme, decidí sentarme solo y hacer servir dos cafés en espera de la llegada de Dios, para una nueva charla y preguntarle muchas cosas a las cuales quisiera tener respuesta. Quienes estaban en las mesas vecinas, con inquietud esperaban la llegada del acompañante que para ellos jamás llegó y para mí siempre estuvo ahí, incluso antes que yo.

Con la certeza que ya estaba ahí conmigo, inicié mi interrogatorio y le dije, qué bueno que nos volvamos a encontrar y cómo me gustaría que habláramos de la pandemia, de la economía mundial, de la desigualdad social y de la forma como la humanidad debe enfrentar esta difícil situación actual; me interrumpe y me dice, “Vamos a hacer esta reunión sincera y ágil, primero:  no nos acabamos de encontrar, siempre he estado a tu lado y a decir verdad, hice que eligieras este lugar, porque sé que te sientes cómodo y porque me interesaba ver la reacción de la gente ante alguien que aparentemente habla solo; segundo, no sé si recuerdes que son omnisciente por lo que sé, que esas no son las preguntas que tienes como prioritarias y que sé absolutamente cuáles son tus interrogantes y debo decirte que ya te he dado respuestas que desafortunadamente no has sabido apreciar.

Sé que te preocupa tu pueblo y las opciones que puedas tener para ayudarlo, pero más allá de eso, estás decepcionado por la aparente traición de quienes en otrora eran tus amigos y aliados… como explicarte que esto no es más que el curso lógico de la vida, que hay tanta gente buena como mala en este mundo y que debes saber cómo tratar a unos y a otros, eso si con mucha sabiduría para no confundirlos… todos los días te envío mensajes y no los has apreciado en su totalidad, ves la traición, el engaño, la malas prácticas de algunos e incluso ves como negativo que aún muchos consulten y pongan en tus manos su futuro como si tuvieses el poder de hacerles el favor que tanto añoran. No te has dado cuenta que ahí está la respuesta: pese a todos los problemas siempre conservas la esencia de poder ayudar y merecer confianza para luchar por mucha gente, solo es cuestión de pulirse, reconstruir tu propia vida y a partir de ahí, de manera generosa trabajar por muchos que requieren ayuda”.

Continúa Dios con las respuestas a las preguntas que había pensado, pero que ni siquiera tuvo necesidad que yo le hiciera… “Tienes la gran duda, como casi todos quienes que han decidido iniciar un proceso de cambio, que es el por qué las cosas malas siguen existiendo a pesar de tener un nuevo enfoque, y esto es un gran error, eres consciente de la gran montaña de defectos que tienes pero no logras entender que los tiempos míos son diferentes a los tuyos y que las cosas si están mejor hoy, que hace algún tiempo; como en ocasiones pasadas el mensaje ha sido muy claro y no lo entiendes: vas por la vía y miras los huecos pero no aprecias el trabajo de las personas, que así sea de manera provisional y rudimentaria tratan de arreglarlos y brindarte un recorrido más tranquilo y seguro…

Llega a tu mesa una persona de edad avanzada y con una sonrisa te pide tu ayuda y te limitas a entregar una limosna sin darte cuenta que el mensaje es que el futuro te está diciendo hoy actúa con inteligencia y generosidad, no sé si recuerdes las veces que crees haber estado en situación de riesgo ante un accidente, nada es fortuito, estas situaciones se presentan para que agradezcas la buena voluntad de mis planes, descubras que tienes grandes destrezas y que no arriesgues la vida por adelantar velozmente un plan de vida que ya está escrito y que en el tiempo perfecto será una realidad.

Sé que tienes muchas preguntas más y que deseas saber cómo actuar pero solamente quiero decirte; “la fe por si sola es insuficiente. La fe sin obra, está muerta y es inútil”. Pon atención a las respuestas que te da la vida y el universo a diario, escucha con atención a las personas que te aconsejan, analiza el silencio de quienes te ignoran, aprecia las críticas más que los aplausos, dedica tiempo a interactuar con personajes de gran sabiduría que te encuentras en un semáforo, en el restaurante al que vas, en quien cuida tu carro por unos minutos, en quien te describe el camino para llegar a una dirección que no conoces… en fin cuando te des cuenta que cada cosa  que sucede tiene su razón de ser, que cada cosa que acontece hace parte del proceso, en ese momento el crecimiento personal será una gran realidad que le gritará al mundo que ya estás listo para alcanzar tus sueños”.

Después de escuchar a Dios, me levanto de la mesa y me dirijo a iniciar la nueva etapa de conocimiento, interactuar con el mundo y con plena y absoluta confianza vivir la vida siguiendo el guion que mi ser supremo ya ha escrito para mí, pero siempre atento a cada consejo y enseñanza.

Espero en el próximo café no venir por respuestas, sino a agradecer soluciones a todo cuanto hoy me preocupa.

Por: Carlos Andrés Facundo Ortega – andresfacundo@hotmail.com

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