El texto, ya público, es difícil de leer, y es difícil de creer que en una democracia, una autoridad judicial se permita escribir semejante bazofia:
La ciudadana XXXXXX fue estudiante egresada de la Universidad Nacional de Colombia, graduada como abogada y por esta condición conoce desde su interior la estructura y funcionamiento del Ejército de Liberación Nacional, así como, otras personas que hasta el momento no han sido identificadas, ni individualizadas, ya sea por la fiscalía o por los organismos de seguridad del estado”
Este es otro de los consuetudinarios problemas de la República de Colombia.
Otro de los problemas que nació con la escéptica independencia, que dio vida a una república, pero no a la modernidad de este país, ni de esta sociedad: la manía grotesca de estigmatizar, al indio, al negro, al mulato, al colono, al ateo, al extranjero, a las mujeres, y ya en el Siglo XX sumamos al comunista, al militante de izquierda, al docente, al estudiante y egresado de la universidad pública, y en el siglo XXI adicionamos, al pobre y al venezolano.
La maña, manía, tara de estigmatizar en Colombia es tan vieja como la corrupción misma y es la más clara manifestación del clasismo, uno de los defectos más aberrantes y arraigados en nuestra cultura.
Es francamente triste, que prácticamente cada seis meses, los rectores de las Universidades Públicas tengan que salir a los medios de comunicación, nacionales, regionales y locales, a recordarle a esta sociedad de sordos, que no es prudente, ni sano y por el contrario es muy peligroso para el futuro de un país estigmatizar a los estudiantes y egresados de las universidades públicas.
Estigmatización en la cual, caen en forma irresponsable los medios de Comunicación, en donde suelen abundar notas periodísticas como “los encapuchados de la Nacional” o “los vándalos de la Pedagógica”, para hablar de la capital. Porque esa nota de prensa se repite en todos los medios de comunicación de las regiones donde hay universidades públicas.
A pesar que no existe, o al menos no conozco, una sola sentencia judicial condenatoria, que demuestre que efectivamente esos vándalos o encapuchados estudian en esas universidades públicas.
Pero que este lenguaje, procaz, sesgado y notoriamente estigmatizador se pueda leer en un escrito de una autoridad judicial colombiana, es algo por lo cual, debemos hacer un alto en el camino.
El caso Dreyfus, una de las mayores vergüenzas de la justicia francesa, tuvo su origen precisamente porque el fiscal y el juez estigmatizaron a una persona de origen judío. Y fue condenado, como denunció Emilio Zola, por ser judío y alsaciano, no por ser culpable de un delito.
Zola, en su magnífico alegato J´Accuse (Yo acuso), demostraba que tan vergonzosa sentencia se había producido por la costumbre arraigada en Francia de estigmatizar a los judíos. A esa estigmatización, muy arraigada no solo en Francia sino en toda Europa, se le llamó antisemitismo, y el resto, incluido el holocausto, ya es historia.
Por lo tanto, se nos ha demostrado que estigmatizar a personas o grupos de personas, no solo es un acto irresponsable; es un acto abiertamente peligroso.
Resulta gravísimo que un funcionario público, que muy seguramente debe ser abogado, y que por tanto debe tener conocimiento de historia, cultura general, y haber aprendido que Colombia es un Estado Social de Derecho, escriba en un documento que es esencial para un proceso penal, que la acusada es, estudiante egresada de la Universidad Nacional de Colombia, graduada como abogada y por esta condición conoce desde su interior la estructura y funcionamiento del Ejército de Liberación Nacional.
Ojala en Colombia, se produjera como consecuencia de este grave acto de una autoridad judicial, un sisma que le reclamara a las autoridades y medios de comunicación, que uno de los aportes a la paz y a una mejor Colombia en el futuro, es precisamente dejar de estigmatizar a nuestros jóvenes, y más aún, a aquellos que estudian en Universidades Públicas.
Y para la muestra un botón. Estudios muy reconocidos de varias consultoras de empleo, han encontrado que en Colombia existe una efectiva preferencia por los estudiantes de ciertos Universidades Privadas, por encima de las Universidades Públicas a la hora de escoger un empleado. Y a pesar, que es bien sabido que las políticas de empleo hacia los egresados de Universidades públicas, en Colombia son inexistentes, ciertas universidades privadas tienen como eslogan publicitario que los egresados de ellas consiguen trabajo más fácil que los de “otras” universidades.
Si a esa realidad, clasista y excluyente, que debe incomodarnos, agregar el mote, que el pertenecer a una universidad pública significa conocer el funcionamiento de un grupo armado al margen de la Ley, entonces, realmente esta sociedad, y en esencia este país, no tienen futuro.
Además, la preferencia a las Universidades Privadas en este país, realmente resulta incomprensible, a pesar que soy egresado de una de ellas, alma mater que llevo en mi corazón.
Porque si tenemos en cuenta que nuestros gobernantes han sido egresados de esas universidades privadas, vista nuestra realidad, y la incapacidad de esos gobernantes en enseñarnos o guiarnos para superar nuestros ya enquistados problemas, pues no habría motivo, ni sustento, para ese clasismo y para esa estigmatización.
Tal vez lo que falta es que en medios de comunicación, orales y escritos empecemos a ver notas de prensa que digan cosas como estas: “la egresada de la Universidad de los Andes que no sabe que la Unión Soviética desapareció”; o por ejemplo, “el egresado de Economía y Derecho de la Universidad del Rosario condenado por el Carrusel de la contratación en Bogotá”. O si les parece; “el egresado de la Universidad Libre condenado por el cartel de la toga”. Paro allí, pero no crean que el Externado, La Javeriana, La Sabana o la Sergio Arboleda, están exentas. Todo lo contrario.
Es hora que la Fiscalía General de la Nación pida una disculpa pública, por semejante aberración. Ese texto en un escrito de acusación, no es un insulto para la Universidad Nacional de Colombia. Es un insulto para el país en su conjunto.
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Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
Twitter: @jpmurciadelgado


