La “chiva” de la Ley de Cecilia

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Casi en absoluto silencio, nos hemos enterado de que el Presidente de la República sancionó, es decir firmó, la Ley 1891 que hace el más grande homenaje a una gran maestra del arte nacional, Cecilia Vargas Muñoz, reconocida nacional e internacionalmente como la creadora, autora de la chiva de barro, de la chiva de cerámica, ese vehículo de fabricación mixta que ha sido soporte fundamental del desarrollo del país desde sus campos y veredas. Sin la chiva no habría campo ni campesinos, y con ese concepto fue que Cecilia, por allá por los años 70, puso literalmente manos a la obra, tomó la bondadosa arcilla de Pitalito y – a la manera de un Creador universal – convirtió en arte lo que hasta ese momento solo era un carro grande y extraño que la recursividad nuestra había convertido en la solución al transporte por las más agrestes e inaccesibles carreteras destapadas del país. Así que el barro convertido en cerámica para la chiva de Cecilia hizo fusión con el barro de cada carretera que han transitado por décadas las chivas de motor.

Cecilia Vargas Muñoz es la más renombrada de una estirpe familiar singular, notable y llena de artistas, herederos de una sensibilidad sin par que les inculcó la gran maestra, doña Aurita Muñoz de Vargas, a quien se le ha rendido otro homenaje que muchos ven a diario en Pitalito sin saber su verdadero origen. A la entrada del moderno edificio de la Alcaldía de Pitalito que dejó el alcalde Pedro Martín hace 3 años, se erigió una escultura de una mujer portando orquídeas. Se llama “Muñeca Nacional de la Orquídea”, del escultor Fernando Núñez y es la alegoría a la misma pequeña muñeca, de arcilla laboyana, con la cual doña Aurita ganó el Concurso Nacional de Artesanías en 1968, es decir hace 50 años. Y me acabo de enterar, porque la misma Cecilia Vargas me lo contó el pasado lunes, que uno de los premios del concurso fue construir en Pitalito el Centro Artesanal, esa emblemática edificación que por tres décadas acogió la Feria Nacional Artesanal y luego se convirtió en la sede de la Cámara de Comercio. Lastimosamente su diseño original fue modificado con una enorme estructura de metal. Así que, además de la Ley que se acaba de firmar para Cecilia, deberíamos estar haciendo gran homenaje a estos 50 años de ese concurso nacional que ganó doña Aurita con el que ella le regaló a Pitalito su centro artesanal.

Y con la aprobación de la Ley debo expresar mi protesta porque hace un año, la Superintendencia de Industria y Comercio, mediante la Resolución N° 23889 de 8 de mayo de 2017, declaró la protección de la Denominación de Origen colombiana número 26 para la “CHIVA DE PITALITO”.

Lo insólito es que, aunque se dice que la autora es Cecilia Vargas, de manera abusiva una cooperativa de artesanos se tomó los derechos de la chiva para autorizar su fabricación. Y la entidad se los reconoció. Es decir, si la maestra Cecilia Vargas Muñoz quiere comercializar su chiva, debe pedirle permiso a esa cooperativa. Esto más que increíble es un asalto a unos derechos de autor que el mundo entero le reconoce a Cecilia y jamás a esta cooperativa.

Propongo entonces que, con fundamento en esta ley, que promovieron el senador Rodrigo Villalba y la representante Flora Perdomo, con el apoyo del resto de la bancada huilense, la Superintendencia de Industria y Comercio revoque esa resolución de denominación de origen, o la modifique, y le reconozca los derechos de autor, morales y materiales, a Cecilia Vargas Muñoz.

Eso es lo justo y lo decente. Lo demás es un abuso y atropello a la misma historia de Pitalito.

Por: Melquisedec Torres Ortíz

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