En una sociedad como la nuestra, donde la pasión y la emoción, van y vienen cogidas de la mano: defender, calumniar, perseguir, estigmatizar a personas, se ha vuelto común en el ámbito diario, máxime cuando se trate de actuar en favor o en contra de servidores públicos.
Con la aprobación de la ley sobre mecanismos de participación ciudadana, se facilitaron los requisitos para la revocatoria del mandato de gobernadores y alcaldes. Para presentar una revocatoria del mandato, se requiere del apoyo de un número de ciudadanos que hagan parte del censo electoral (que hayan votado) que no sea menor del 30% de los votos obtenidos por el elegido.
La anterior norma establecía que este proceso se iniciaría sólo cuando el Alcalde o gobernador hubiera concluido su segundo año de mandato y obligaba que fuera el 50 por ciento de los votantes, a diferencia de la actual, que prevé que la revocatoria del mandato se puede iniciar cuando el gobernante cumpla su primer año de administración y solamente con el 30% de su votación.
“La revocatoria de mandato” es uno de los siete mecanismos de participación popular previstos en el artículo 103 de la carta magna, al lado del voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto y la iniciativa legislativa.
Sí bien es cierto que la ley concede al ciudadano estas garantías legales para “revocatoria del mandato”, quienes pretendan utilizar este mecanismo de participación ciudadana, deben tener en cuenta el comportamiento integral de su mandatario, pues la ley también prevé que para que prosperen estas iniciativas, los gobernantes deben haber incurrido en faltas graves en su ejercicio administrativo, entre otras, el no cumplimiento de su plan de desarrollo municipal.
Son muchos los intentos de revocatoria por iniciativa popular, con miras a tumbar alcaldes, sin el logro del objetivo, pues desde su implementación por la ley 134 hace más de 20 años, no ha caído el primer mandatario a través de este mecanismo constitucional.
Hay casos excepcionales. Pero en su mayoría quienes promueven las revocatorias, están motivados por intereses mezquinos, que no corresponden al interés general, sino a apetitos personales, u obedeciendo a caciques políticos que han perdido el poder local a manos de nuevas fuerzas políticas, y en algunos casos las lideran personas sin escrúpulo alguno, buscando que el gobernante inmerso en revocatoria, los compense económicamente.
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Por: Miguel Rodríguez Hortúa – miguel.rh12@hotmail.com



