No más talanqueras

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Miguel Rodriguez HortuaPara la mayoría de víctimas del conflicto armado interno colombiano, hablar de la posibilidad de un proceso de paz que ponga fin a la guerra fratricida en este país, que ya supero las 5 décadas, se nos ha convertido más que en un anhelo, en una gran obsesión.

Ha sido cruel e incomprensible para los que apostamos por la paz, que un grupo de personas  de extrema derecha, entre ellos algunos señalados como victimarios, que hoy cuando el gobierno y las Farc han dado ese gran paso hacia la paz, se atraviesen como mulas muertas en el camino, en espera que ocurra una confrontación entre la fuerza pública y la insurgencia, para de inmediato enarbolar la bandera de la guerra y así ganar dividendos políticos en la próxima contienda electoral de congreso y presidencia de Colombia.

Son los mismos que a través del populismo barato y hasta amparados en la fe cristiana, durante muchos años han secuestrado espiritualmente a campesinos y personas humildes, para luego darles la espalda y dejarlos en el total abandono, mientras convierten la política en negocio familiar y de grupillos, amasando grandes fortunas económicas, de las que solo de vez en cuando, reparten migajas.

Muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras y ponen el grito en el cielo sobre la supuesta “impunidad” de los acuerdos finales firmados en la Habana, tienen su propio prontuario de: violación de derechos humanos, concentración de la riqueza y de las oportunidades en manos de unos pocos, más la corrupción que en diferentes formas, se les ha metido hasta la alcoba de su propia casa.

El Presidente Santos, hoy Nobel de paz, ha puesto en juego su propia imagen y todo su capital político. El pueblo colombiano y la historia más temprano que tarde se lo reconocerán. De igual manera este país está en deuda con el equipo de negociadores en la Habana, que con inteligencia y gran voluntad, concretaron los acuerdos de paz, por encima de las grandes dificultades.

El patriotismo de nuestra fuerza pública y la voluntad política de las Farc, han sostenido el cese al fuego bilateral, impidiendo que el proceso de paz, se ponga en riesgo.

Tener que confesar sus propios delitos de diferente índole ante el tribunal de la verdad, para que no sean condenados a pagarlos en cárceles, asusta a muchos que hoy posan de arcángeles, ante la opinión pública.

Por: Miguel Rodríguez Hortúa – miguel.rh12@hotmail.com

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