La posesión presidencial en Cali, este 7 de agosto, representa mucho más que el cambio de escenario para una ceremonia solemne: envía un mensaje de apertura hacia los territorios, rompe una tradición concentrada durante décadas en Bogotá, además permite pensar que las regiones podrán ocupar un lugar más visible en la agenda nacional. El gesto merece ser recibido con confianza, aunque su verdadero alcance dependerá de lo que ocurra después.
Descentralizar el poder no consiste solamente en trasladar actos oficiales; significa acercar las decisiones a los municipios, distribuir mejor los recursos, escuchar a las comunidades, fortalecer la infraestructura, ampliar las oportunidades educativas, respaldar el empleo formal, garantizar servicios públicos dignos. Un gobierno cercano a las regiones se reconoce cuando las inversiones llegan, las obras avanzan, los proyectos locales encuentran respaldo, las necesidades dejan de depender exclusivamente de trámites realizados desde la capital.
En esa conversación nacional, el Huila debe ser visto con buenos ojos. Nuestro departamento cuenta con una ubicación estratégica, riqueza agrícola, potencial energético, vocación turística, patrimonio cultural, talento humano, además de una ciudadanía trabajadora que ha aprendido a salir adelante pese a las dificultades. Invertir en el Huila no sería una concesión política, sino una decisión inteligente para impulsar el desarrollo del sur colombiano.
La región necesita mejores vías, mayor conectividad, apoyo para los productores, fortalecimiento de la educación superior, estímulos para el emprendimiento, recursos para la salud, protección de sus fuentes hídricas. También requiere una mirada nacional que comprenda sus capacidades, no solo sus carencias. Aquí existen profesionales preparados, servidores públicos con experiencia, académicos, empresarios, líderes sociales, especialistas de distintas áreas que podrían aportar su conocimiento, criterio, experiencia al nuevo gobierno. Incluir voces huilenses en los espacios de decisión permitiría enriquecer la gestión pública con conocimiento territorial, sensibilidad regional, compromiso con las comunidades.
Cali será, por un día, el centro político del país; ojalá ese acontecimiento marque el inicio de una relación distinta entre la Nación, los departamentos, los municipios. La descentralización será real cuando el poder no solo visite las regiones, sino cuando confíe en ellas, invierta en sus proyectos, incorpore su talento, permita que sus habitantes participen en las decisiones que afectan su futuro.
El nuevo gobierno tiene la oportunidad de convertir un símbolo en una política de Estado. El Huila está listo para contribuir: tiene propuestas, capacidades, liderazgo, determinación. Gobernar desde las regiones debe significar gobernar con ellas.
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Por: María Fernanda Plazas Bravo – X: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno


