¡Pilas con el calor! ¿Están los colegios listos?

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Durante años, el calor en el Huila fue visto como una incomodidad cotidiana: abanicos improvisados, salones sofocantes, estudiantes buscando sombra durante el descanso. Hoy esa escena dejó de ser normal, las altas temperaturas ya representan un riesgo para la salud, la concentración, el rendimiento escolar e incluso la permanencia de niños, niñas, adolescentes, docentes dentro de las aulas.

La campaña “Pilas con el Calor”, impulsada por la Secretaría de Educación Departamental bajo la orientación de Edgar Martín Lara, llega en un momento oportuno. Pedir hidratación permanente, evitar la exposición al sol entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, reconocer los síntomas de un golpe de calor, mantener informada a la comunidad educativa, son acciones necesarias, prevenir puede salvar vidas.

Sin embargo, una circular no enfría un salón, una botella con agua ayuda, pero no reemplaza una cubierta adecuada, una zona arborizada, una ventilación eficiente ni el acceso constante a agua potable. Ese es el debate que el Huila debe comenzar a dar.

El cambio climático ya entró a las escuelas; se siente en los pupitres calientes, en el cansancio temprano, en el dolor de cabeza, en la dificultad para prestar atención. También se evidencia en colegios rurales con poca sombra, sedes antiguas con techos que concentran temperatura, patios sin árboles, baterías sanitarias con fallas, sistemas de almacenamiento insuficientes. En esas condiciones, aprender se vuelve más difícil, enseñar, también.

Por eso, adaptar la infraestructura educativa al clima dejó de ser una obra complementaria, es una obligación pública ligada al derecho a la educación. No basta con construir aulas; deben ser espacios seguros, habitables, preparados para enfrentar temporadas de altas temperaturas, lluvias intensas y otros eventos asociados a la variabilidad climática.

La respuesta requiere medidas concretas, cada institución debería contar con un diagnóstico básico de vulnerabilidad frente al calor: disponibilidad de agua, ventilación, materiales de cubierta, horarios críticos, zonas de sombra, arborización existente, rutas para atender emergencias. A partir de esa información, el Gobierno Departamental puede priorizar inversiones en los lugares con mayor riesgo.

Sembrar árboles en los colegios no puede reducirse a una jornada simbólica para la fotografía, se necesita seleccionar especies adecuadas, garantizar mantenimiento, proteger las plantas durante sus primeros años, diseñar corredores de sombra. Del mismo modo, mejorar cubiertas, instalar sistemas de ventilación pasiva, almacenar agua de forma segura, adaptar patios, debe formar parte de los planes de mejoramiento de la infraestructura escolar.

También será necesario revisar horarios, actividades físicas, formaciones en espacios abiertos. Durante los días con alertas por temperaturas extremas, la rutina académica debe ajustarse sin temor, la disciplina institucional jamás puede estar por encima de la salud.

La campaña acierta al recordar que estudiantes, docentes, familias e instituciones comparten responsabilidades. Evitar fogatas, recoger vidrios, usar el agua con cuidado, atender las alertas del IDEAM, reduce riesgos. Pero la corresponsabilidad no significa trasladar toda la carga a los ciudadanos. El Estado debe orientar, financiar, acompañar, verificar resultados.

“Pilas con el Calor” puede convertirse en mucho más que una campaña temporal, puede ser el punto de partida para una política departamental de escuelas resilientes, con metas medibles, presupuesto, seguimiento público, coordinación entre Educación, Salud, Ambiente, Gestión del Riesgo, alcaldías.

El Huila necesita comprender algo esencial: cuando un estudiante no logra concentrarse porque el salón parece un horno, su derecho a aprender está siendo limitado, cuando una docente debe escoger entre continuar la clase o sacar al grupo por falta de ventilación, existe una falla que no puede normalizarse.

El calor no solo amenaza la salud, también amplía brechas, golpea con mayor fuerza a quienes estudian en sedes con menos recursos, castiga al sector rural, deteriora la calidad educativa. La prevención comienza con una botella de agua, pero no puede terminar allí.

Preparar las escuelas para el fenómeno del Niño, para el calor extremo, para un clima que ya cambió, exige decisiones. Árboles que den sombra, aulas ventiladas, cubiertas adecuadas, agua disponible, horarios responsables. Esa también es infraestructura educativa, es gestión del riesgo, es una forma concreta de proteger la vida, la dignidad, el futuro del Huila.

Por: María Fernanda Plazas Bravo – X: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing  Político – Comunicación de Gobierno

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