La reciente decisión del Concejo de Neiva de eliminar la categoría de columnista en los premios de periodismo regional Premios Reynaldo Matiz no es un simple ajuste administrativo. Es un síntoma. Y como médico, sé que los síntomas importan: anuncian algo más profundo.
La columna de opinión no es un adorno del periodismo. Es su conciencia crítica. Mientras la noticia informa, la columna interpreta. Mientras el dato describe, la columna interroga. En un contexto regional como el nuestro, donde las tensiones políticas, sociales y culturales requieren análisis, eliminar este espacio es, en la práctica, debilitar la conversación pública.
La pregunta de fondo no es por qué se eliminó la categoría, sino qué idea de periodismo está guiando esta decisión. Si el criterio es privilegiar lo inmediato, lo cuantificable o lo “objetivo”, entendido de forma reduccionista, se ignora que la realidad no se agota en los hechos. Necesita una interpretación rigurosa, ética y contextualizada. Eso hace una columna bien escrita.
Desde la práctica médica, esto resulta familiar. Un diagnóstico no se construye solo con los resultados de laboratorio. Requiere integrar la historia, el contexto, la experiencia clínica. En el periodismo ocurre lo mismo; sin interpretación, hay información, pero no comprensión.
Eliminar la categoría de columnista también envía un mensaje problemático a quienes escriben desde la región: que la reflexión crítica tiene menos valor que la inmediatez informativa. Esto es especialmente grave en territorios donde el debate público ya es frágil y las voces independientes cumplen un papel esencial en la vigilancia del poder y en la construcción de ciudadanía. Ahora bien, una posición crítica no puede quedarse en la queja.
Hay que proponer. Si existían problemas con la categoría, como baja participación, criterios de evaluación débiles, falta de calidad, la solución no era eliminarla, sino fortalecerla. Elevar los estándares, convocar jurados idóneos, incentivar la formación de nuevos columnistas. Desmontar el espacio es una salida fácil, pero pobre.
También hay una oportunidad. Esta decisión puede convertirse en un punto de inflexión si despierta una reacción inteligente por parte de la comunidad periodística y académica de la región. Universidades, medios y escritores podrían articularse para crear espacios alternativos de reconocimiento y formación. Porque, si algo ha demostrado la historia, es que la palabra crítica encuentra caminos, incluso cuando se le cierran puertas institucionales.
El riesgo, sin embargo, es claro: normalizar el silencio reflexivo. Y eso, en cualquier sociedad, es peligroso. La medicina enseña que no todo lo que desaparece deja de ser necesario. A veces, lo que se elimina es precisamente lo que más falta hace. La columna no es un lujo del periodismo regional. Es una herramienta para pensar mejor. Y hoy, más que nunca, pensar mejor es una urgencia.
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Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar
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