De caravanas de Halloween, “piques”, restricciones y algo más…
Hace algunos días (gracias a un amigo y la invitación del profesor Fredy Gil) participé en un debate sobre movilidad en la Universidad Surcolombiana. La facultad de Ingeniería lo organizó con el objetivo de conversar alrededor de distintos temas clave en materia de orden, infraestructura, cultura vial entre otros.
Fueron muchos los planteamientos que hicimos las personas invitadas, pero algunas de las conclusiones principales apuntaron a temas como la legitimidad de la autoridad de tránsito o la necesidad de implementar, con más fuerza, una amplia pedagogía, educación y cultura ciudadana. Precisamente, y en relación con ese debate de hace algunos días, en este artículo hablaremos de algunos aspectos urgentes para Neiva en materia de movilidad, a propósito de un fin de semana polémico con caravanas de Halloween, celebraciones y restricciones.
Primero: sí creo que Neiva necesita hoy una urgente reforma cultural alrededor de cómo comprendemos y entendemos nuestra ciudad, pues creemos que las vías nos pertenecen y que podemos hacer con ellas lo que queramos. Por eso es que vemos con toda tranquilidad motos a toda velocidad sobre andenes y ciclo rutas, carros pasarse los semáforos en rojo, peatones que se atraviesan por donde sea, vehículos livianos eléctricos que no toman precauciones, entre tantas situaciones complejas que nos dejan muy mal como ciudad.
Algunos dicen que esto parece una selva, y sí, creo que hay un desorden latente y una ciudad poco respetuosa de la cultura vial, pero, ¿son la persecución y la multa el único camino que nos queda?
Segundo: quiero que analicemos estas cifras. En septiembre de 2026, Neiva tuvo más de 3.500 comparendos impuestos, un aumento de cerca del 38% respecto de septiembre de 2025, lo que en números significa casi 1.000 comparendos más. Sin embargo, a pesar de que hubo mayores sanciones, este año se presentaron más número de siniestros viales y, desafortunadamente, más fallecidos. Rápidamente uno puede inferir que un mayor número de comparendos y controles no significa mejores estadísticas y menos muertos en las vías.
Y no, no estoy diciendo que los controles deban detenerse. Seguir buscando que haya orden en Neiva es absolutamente necesario, pero no puede ser la única manera de mejorar los datos y estadísticas en materia de movilidad. Porque una ciudad que plantea la persecución y restricción como única alternativa, está destinada a no mejorar nunca. Por eso, en el mundo se habla de que la imposición del orden y la búsqueda de controles a través de comparendos o multas, deben ir, sí o sí, acompañados de pedagogía y educación.
Zanahoria y garrote, como diría el gran Antanas Mockus y se habla internacionalmente. A eso hay que sumarle la falta de autoridad, legitimidad y respeto que hoy no tienen la mayoría de agentes de tránsito, a quienes también se les debe impartir educación y sanciones para que hagan buen uso de la norma, realicen de forma correcta sus procedimientos e implementen de forma adecuada el manual de funciones. ¿Qué pasa entonces con los llamados “piques ilegales” o caravanas sin autorización que se realizan en Neiva?
Aquí viene lo tercero: entiendo a quienes piden ejercer la autoridad y la fuerza contra los “piques ilegales” y caravanas. Es un riesgo grande, no solo para la movilidad de la ciudad, si no para la vida misma de quienes lo realizan y de quienes transitan. Los controles se han venido realizando, y en eso la Alcaldía ha sido muy insistente castigando severamente a quienes participan.
Sin embargo, viendo las cosas desde otra orilla, creo que eso también refleja la necesidad latente de generar espacios y escenarios idóneos para aquellos deportes alternativos que hoy piden a gritos un lugar donde llevar a cabo en Neiva sus actividades, porque pretender perseguir solo para imponer la sanción (sin comprender el por qué o buscar un trasfondo) es también abordarlo desde un error. Para mí, la clave no solo es ver a los actores involucrados como parte de la solución, si no también buscar acuerdos, momentos, lugares o escenarios que permitan desarrollar estos deportes de motor de manera segura y amplia para las distintas disciplinas.
Además, estoy seguro de la necesidad de generar espacios de diálogo para comprender esas necesidades, escucharnos y buscar puntos en común, así como abordar los problemas y alternativas de forma conjunta. Al final, la administración municipal puede oponerse todo el tiempo, pero la manifiesta necesidad de practicarlo terminará haciendo que quienes participan encuentren cualquier lugar y horario para hacerlo.
Precisamente por eso considero que el apartado punitivo no puede ser la única vía. Cuando el Estado, desde el orden local, no tiene ni los recursos ni los escenarios idóneos, lo mejor es tender puentes de diálogo y buscar alternativas. De hecho, eso es lo que ha venido ocurriendo, porque a pesar de la realización estricta de controles y de la persecución contra los “piques”, los aficionados a estos deportes terminan encontrando otros espacios de la ciudad para hacerlo, lo que solo termina trasladando la problemática, pero sin resolverla de fondo.
En este punto, no solo tienen un papel determinante las Secretarías de Movilidad y Gobierno, si no también la Secretaría de Deportes, desde donde debería buscarse un acercamiento que, de una vez por todas, reconozca los deportes a motor, realice un proceso riguroso de caracterización e identifique clubes y liderazgos, para que aborde lo que hoy es un “problema” y lo encamine en una disciplina deportiva, que vaya más allá solamente de la pasión, la afición y el gusto por la velocidad.
Cuarto: también existen quienes vienen organizándose, juntándose y haciendo las cosas lo mejor posible. Esos clubes y organizaciones merecen un gran reconocimiento. Por eso, aquí hago una mención especial a Cultura Motor, a Rafael Delgado, su líder, y a todos los clubes que integran esta comunidad, quienes han trabajado arduamente por ganarse una legitimidad en Neiva como actores e interlocutores válidos de una comunidad que cada vez es más grande.
Por ejemplo, el fin de semana pasado llevaron a cabo un gran evento en el Centro Comercial Único, en donde compartieron motos de todas las cilindradas y carros de todos los tipos, participando con disfraces, actividades recreativas, concursos, deporte, tunning, car audios e, incluso, jornadas educativas y pedagógicas junto a la Secretaría de Movilidad.
Este escenario permitió que familias enteras, amigos y comunidad en general disfrutaran de un espacio diferente, legítimo y con muy buena buena organización. Al final, seguir el ejemplo de Cultura Motor, así como su nivel de organización, representación e interlocución es el camino. Parte del trabajo necesario para la identificación de clubes y liderazgos, esta comunidad ya lo tiene adelantado.
De hecho, celebro esos encuentros y espacios desarrollados, porque le permiten a la ciudad ver de otra manera lo que muchos hoy creen que es un problema, además de visibilizar los grupos existentes, su buena organización, sus liderazgos y el buen trabajo que vienen haciendo.
Al final, la gran conclusión se remonta a los postulados que abordamos en el panel sobre movilidad, seguridad vial e infraestructura de la Usco. Es absolutamente necesario que, como actores viales, comprendamos que hoy las vías de Neiva no están solamente puestas al servicio de carros y motos, si no también de peatones, ciclistas, corredores y otros protagonistas que también merecen respeto y espacios, por lo que la seguridad vial debe ser una acción compartida entre autoridades y quienes transitamos por las vías.
Creo que esta ciudad merece que mejoremos nuestra cultura ciudadana, que seamos conscientes de las normas y el cumplimiento de nuestras obligaciones, pero que también tengamos la capacidad de reconocer nuestros derechos y poder exigir plenamente su cumplimiento.
La educación y la pedagogía, los controles y sanciones (tanto para los ciudadanos como para la autoridad vial), el reconocer que la vía no nos pertenece de forma exclusiva y que debemos ser respetuosos al compartirla, estoy seguro de que son el camino para alcanzar una ciudad con una movilidad más acertada, consciente, sostenible y respetuosa.
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Por: Brandon Ortíz
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