Las cicatrices de la rosa

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Encontré sobre una mesa una página escrita a mano en la que reposaba un bello escrito. Quise indagar sobre su origen y me desplacé por los párrafos, llegué a las frases, pasé por las palabras y terminé en las letras.

Luego caminé desde la punta del bolígrafo hasta alcanzar una delicada extremidad de mujer. Subí por su antebrazo, recorrí su brazo y llegué al lugar donde nacen las ideas. Allí descubrí a una escritora con un enorme potencial.

Aunque sus manos no tienen cicatrices, su ópera prima sí las lleva. Movida por la inspiración, Carolina Polanía Cedeño tituló su libro Las cicatrices de la rosa, una obra que nos conduce por los difíciles caminos de una joven cuya vida está marcada por acontecimientos que dejan huellas profundas y la enfrentan a situaciones complejas, cargadas de emociones.

Sin embargo, esta historia no se detiene en las heridas. La maternidad aparece como un punto de inflexión en la vida de la protagonista, una oportunidad para replantear sus decisiones y emprender una transformación personal. Es allí donde la narración encuentra uno de sus asuntos más interesantes, la posibilidad de que el pasado, por doloroso que sea, no determine para siempre el destino de una persona.

El título encierra una imagen sugerente. Las rosas evocan belleza, amor y delicadeza, pero también tienen espinas. Las cicatrices, por su parte, conservan la memoria de aquello que nos ha herido. En el encuentro de estas dos imágenes se abre una reflexión sobre la condición humana, las experiencias que nos transforman y la capacidad de encontrar nuevos caminos, incluso después de atravesar las circunstancias más difíciles.

Desde una perspectiva literaria, el desafío consiste en construir un personaje que no quede reducido a sus heridas, sino que nos permita comprender sus contradicciones, sus decisiones y su transformación. La literatura no tiene la obligación de ofrecer respuestas definitivas; de hecho, muchas veces su mayor virtud consiste en suscitar preguntas.

Basta con abrir la puerta a los interrogantes que surgen al recorrer sus páginas. Será ese encuentro entre la escritora y sus lectores el que permita descubrir la profundidad con la que se despliega la historia.

Carolina nació y creció en Neiva. Escribe desde muy temprana edad, de hecho, durante su infancia, participó en espacios como el Concurso Nacional de Cuento. Su inquietud creativa también la llevó a realizar un documental sobre el café y a desarrollar el podcast Secretos de Luna. Actualmente estudia Derecho.

La presentación de Las cicatrices de la rosa representa un nuevo capítulo en su recorrido creativo. Para el Huila, la aparición de nuevas voces literarias constituye una oportunidad para enriquecer la conversación cultural y abrir espacio a otras maneras de narrar la vida.

Escribir es atreverse a poner sobre el papel aquello que durante mucho tiempo hemos querido contar. Leer, por su parte, supone acercarnos a historias ajenas para reconocer, en ocasiones, algo de nosotros mismos.

Quizá por eso las cicatrices de esta novela merezcan nuestra atención, porque las rosas también florecen entre espinas y porque ninguna herida, por profunda que sea, tiene por qué contar la historia completa de una vida.

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Por: Hugo Fernando Cabrera
E-Mail: hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

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