Vuelve y juega

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¿A ustedes les gustan las segundas partes? a mi sí.

Y corriendo con el riesgo de que algunas secuelas dejan mucho que desear, hoy les traigo la segunda parte de la columna anterior, porque diciembre definitivamente fue el mes para hablar sobre participación política de las mujeres.

Resulta que el pasado 12 de diciembre se inscribieron las candidaturas a Representantes a la Cámara por el Huila, resultado final: de 39 inscritos, de los cuales 31 fueron hombres y 8 mujeres. Eso es un apabullante 80% frente a un 20%. Vuelve y juega… ¿las mujeres qué?, ¿los partidos políticos cuyas listas no incluyeron a ninguna mujer qué?, ¿a qué juegan?

Porque ni siquiera la alianza entre el Polo Democrático y el Partido Verde (identificado por la ciudadanía como progresista y alternativo) presentó a ninguna mujer como candidata, ¡a ninguna! Caso repetido por el Conservador, el Centro Democrático, Cambio Radical (aunque qué se puede esperar de éstos tres), así como por el partido Somos.

Los partidos de la U y Unión Patriótica incluyeron una mujer en su lista de 4 inscritos, solamente el MIRA y el Liberal se fueron por un 50% y 50%… aunque amanecerá y veremos si las mujeres de estas listas terminan siendo las electas.

Y si por el Huila llueve, en el resto del país no escampa, a nivel nacional tampoco nos está yendo mejor, pues Claudia López terminó descartada como candidata oficial de la denominada Coalición Colombia y “el que diga Uribe” terminó sacando de la contienda a las mujeres.

Claro… no es que yo me muera de ganas porque la Cabal o Paloma Valencia sean candidatas presidenciales, pero a ver, no hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta de ser las porristas de Uribe, no pasan.

Pero no nos vayamos tan allá, porque para las recientes elecciones de Consejo Superior Universitario de la USCO, en los 8 candidatos no existió ninguna mujer, ninguna.

Y vea, si usted es de esas personas que piensa que a las mujeres no nos interesa la política o que no tenemos “la suficiente verraquera”, se equivoca. La baja participación tiene causas estructurales, ojo… estructurales, y atribuirla a rasgos o actitudes personales es insuficiente, ciego e ingenuo.

¿A qué me refiero con eso? Que la forma como ha funcionado el sistema político-electoral se traduce en barreras (llámeles obstáculos, trabas o como quiera) simbólicas y materiales para que las mujeres tengamos acceso a cargos de elección popular. No más mire… ¿qué se ha necesitado tradicionalmente para hacer política?, ¿con qué se paga el tamal, la firma o la camiseta? Pues con billete ¿y quienes lo tienen? Los hombres, no más mire las listas de los más ricos del mundo y del país.

Si las mujeres no tenemos plata ni para terminar una relación violenta porque dependemos económicamente de nuestros agresores, menos para financiarnos campañas políticas.

O póngale cuidado a esta… ¿qué trabajo no remunerado tiene un horario de 24 horas, 7 días a la semana, es vitalicio sin posibilidad de pensión o retiro y requiere de una inversión significativa de energía y tiempo? Si estaba pensando en trabajo doméstico/de cuidado/maternidad/etc… ¡bingo! Tiene razón.

Gracias al estado de las cosas, las demandas (es decir el esfuerzo personal que se necesita) tanto para ejercicio político como para el trabajo doméstico, son prácticamente incompatibles a menos que tuviéramos clones multifuncionales. Como quien dice: o lo uno o lo otro.

No ver ninguna de estas cosas es ingenuo, señoras y señores. Es que por estos días a todos parece molestarles mucho la política tradicional, pero se hacen los de la vista gorda con que “los de siempre” no solamente pertenecen a la misma clase social o tienen ciertos apellidos; sino que pertenecen a un género específico.

La política electoral (y la forma de llegar a ella) es un pacto entre hombres que subterráneamente se encubren y patrocinan los unos a los otros. Así funcionan generalmente los partidos, las coaliciones, los candidatos y los llamados padrinos políticos… así se mantiene y se reproduce el poder masculino sobre los asuntos públicos, a través de reuniones a puerta cerrada de las que las mujeres estamos excluidas.

¿La solución? Como siempre, empecemos a pactar entre nosotras.

Ahora mismo tenemos opciones interesantes y reales, porque tampoco es mentira que muchas mujeres nos hemos prestado para ser el relleno en las listas de partidos y movimientos significativos (¡vengan, no sean así que hasta sangre nos ha costado poder estar ahí!). Con opciones reales me refiero a las candidatas al Congreso Luz Marina Bernal, una de las Madres de Soacha, a María José Pizarro, hija del asesinado Carlos Pizarro y a Tatiana Piñeros, la primera mujer transgénero en aspirar a este tipo de cargos públicos.

No podemos no soñar con nuestra propia Katrín Jakobsdóttir, mujer feminista y ecologista recientemente elegida como Primera Ministra en Islandia. Claro, Islandia se ganó el título del mejor país del mundo para ser mujer, pero más pronto que tarde, tenemos que dejar de comerles cuento a los jerarcas de familias tradicionales que se comportan de manera paternalista con la gente, reproduciendo el papel del hombre proveedor que alimenta pero reclama obediencia, o en este caso, “que le pongan unos voticos ahí”.

Por: Claudia M. Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

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