Voto por el liderazgo y la experiencia

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La política y la fórmula uno tienen muchas cosas en común, una de ellas es que no siempre gana el que arranca primero, suele ganar quien se prepare mejor. En los últimos años, los políticos han fracasado cada vez más en mantener la confianza de la gente.

Dado que las redes sociales le han dado a la gran mayoría de las personas el poder de construir su propia imagen pública, las campañas tradicionales que utilizan las herramientas obvias del marketing y la comunicación política se han vuelto mucho menos excepcionales de lo que solían ser.

Cada vez más votantes parecen dispuestos a dar su mandato a aquellos que no parecen utilizar un lenguaje codificado diseñado para convencerlos. Cuanto más auténticos y verdaderos aparecen los políticos, más atractivos se vuelven.

¿Exponerse como una persona vulnerable que puede experimentar el fracaso, que no pretende estar por encima de las masas, será una cualidad apreciada en 2023? En un mundo cada vez más interconectado y desafiante, los líderes políticos juegan un papel crucial en la configuración del futuro.

La combinación de liderazgo ético, competencia, capacidad de cooperación, visión a largo plazo, empatía y compromiso con la sostenibilidad son algunas de las cualidades necesarias para abordar los problemas actuales y conducir a un mundo más próspero y equitativo. Al elegir a nuestros líderes políticos, debemos buscar aquellos que encarnen estos rasgos y estén dispuestos a enfrentar los desafíos con valentía y determinación.

Los ciudadanos hemos hecho todo lo posible para garantizar que nuestros derechos y libertades no solo se queden en el papel. La solidaridad y el apoyo en todo el mundo, las acciones y el deseo de ayudar en la lucha por la libertad es lo que realmente importa.

Para que la humanidad pueda enfrentar los retos que se plantea, que son globales; como el cambio climático, la desigualdad o la correcta gestión de la revolución tecnológica, serán necesarios los consensos y no está claro que sea fácil alcanzarlos.

Atravesamos un ciclo altamente polarizado, es difícil imaginar una circunstancia histórica que haga más evidente la necesidad de grandes acuerdos. Se debe encontrar el punto de inflexión en el que, en la política se conecte la cooperación con la competición, pero se observa que actualmente los politiqueros (desvirtuación de la política, pues es una corriente superficial que no aspira al equilibrio social, sino que vela por intereses individuales) han optado por la confrontación constante.

Se está cooperando muy mal. La sociedad está ahora marcada por la incertidumbre y la tensión. Los partidos políticos son víctima de esta situación, piensan a corto plazo en un mundo muy fragmentado emocionalmente, donde tratan de salvaguardar sus posibilidades de construir gobiernos. El pensamiento a corto plazo, típico de la política y sus ciclos electorales, alentado por la virulencia del debate público, puede ser trágico en un mundo cambiante.

Más tarde o más temprano se impondrá la cordura: la complejidad es tan grande y sofisticada que no quedará otro remedio que pensar desde otras perspectivas. Las desigualdades a las que nos enfrentamos en el siglo XXI no son solo las desigualdades materiales clásicas, propias de siglos anteriores.

Las desigualdades también son cognitivas, en relación con la tecnología, o tienen que ver con la vulnerabilidad a la hora de hacer frente al cambio climático, quien acierte a construir una nueva centralidad verá hacia donde se tiene que orientar la nueva política. No sé qué sería de una sociedad arrojada al abismo y sin salida democrática. Las necesidades de la sociedad colombiana no se basan solo en construir nación, sino en construir la democracia y la paz.

No es de extrañar que se considere cada vez más que los politiqueros expertos están en el negocio de embaucar a los ciudadanos para sus propios fines, la gente común considera que el sistema está amañado, que las élites no están en él por la gente sino, más bien, por el dinero.

Esta es la era de la desconfianza, nunca se ha desconfiado tanto, el dinero y los intereses especiales han creado una clase politiquera corrupta que está desconectada de la gente común, que lo único que piensan es principalmente en enriquecerse y que son inmunes a la rendición de cuentas, esto tiene que terminar. La democracia tiene que cumplir, no solo con los ricos, sino también con los más vulnerables. Esta es una lección fundamental de los últimos tiempos.

Cuando la democracia crea riqueza a gran escala, no hay tensión entre ella y el capitalismo, pero cuando ese no es el caso, el valor de la democracia se vuelve menos claro para algunos. Hay tremendas tensiones entre la soberanía nacional democrática, la respuesta no es construir más barreras, las sociedades necesitan construir educación, innovación y oportunidades.

Un tiempo de gran incertidumbre está sobre el mundo. La tecnología abrió una gran ventana, nadie puede romper esa interconexión, nadie puede anular para siempre el deseo humano de ser libre y vivir bajo la única forma de gobierno compatible con ese deseo: un gobierno representativo instalado con el consentimiento del pueblo.

Se necesita la aceptación de nuestras diferencias humanas y la capacidad de mediar en ellas a través de instituciones democráticas. Es necesaria la aceptación de verdades múltiples, tal vez incompatibles. En una era de polarización, esto puede parecer una gran aspiración. Pero las democracias tienen la costumbre de estar a la altura de los desafíos que enfrentan.

Las democracias deben ser desafiadas, a diferencia de las dictaduras que temen un desafío amplio porque puede hacer que se desobliguen. Desafío en las democracias también es renacimiento, respeto a la inteligencia de los votantes, porque más temprano que tarde están entendiendo que todos somos responsables de transformar el país, la región, esa responsabilidad no es de unos pocos, es de todos, cada colombiano, cada huilense tiene una tarea por cumplir.

La integridad es esencial para restaurar la confianza del público en la legitimidad de nuestras instituciones. Nuestros valores reflejan lo que es importante para nosotros. A menudo se refieren a ellos como nuestros principios rectores personales o metas.

Los valores guían nuestro comportamiento en todos los aspectos de la vida, incluida la vida familiar, política, laboral y social. Si esto se traduce a un buen gobierno, este debe basarse en algunos valores ampliamente compartidos que nos inspiren y entusiasmen. Nuestros líderes deben hacer verdaderos compromisos, necesitamos saber ‘lo que representan’. Buscamos líderes que tengan convicción.

Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo

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