Veámosle lo bueno al sol

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Greenpeace y el Centro de Investigación de Energía y Aire, afirman que la contaminación por combustibles fósiles causa alrededor de 4,5 millones de muertes al año en el mundo. Colombia no es ajena a esta realidad y es por ello que a diario vemos en las noticias que las ciudades más grandes de nuestro país cómo Bogotá y Medellín, tienen serios inconvenientes derivados de la contaminación en el aire, lo que afecta la salud de sus habitantes.

Ante este contexto, las denominadas energías alternativas se han convertido en una necesidad imperiosa, que bien encaminadas, pueden representar una efectiva forma de adaptación al cambio climático; pero también, una oportunidad de crecimiento económico, principalmente en aquellas regiones donde existen las condiciones naturales para su desarrollo.

Consciente de ello, el gobierno nacional expidió la ley 1715 de 2014, mediante la cual se ofrecen incentivos tributarios a las inversiones en este tipo de energías. Algunos departamentos del país tomaron atenta nota: en la Guajira funciona actualmente el parque eólico Jepírachi; en el valle del Cauca, Celsia desarrolló una planta solar de 18 hectáreas y en los llanos la empresa Bioenergy transforma más de 14.000 hectáreas de caña en biocombustible.

El departamento del Huila cuenta con un gran potencial para la generación de energía fotovoltaica en su zona norte, pero aún sigue siendo casi virgen en materia de generación de energías alternativas, lo cual evidencia el desinterés de los opitas en esta materia.

El desinterés termina en desazón, si recordamos que el Huila cuenta con dos represas que generan más del 8% de la energía que demanda la nación, las cuales están acá pero NO son de los huilenses.

Igual de desalentador, resulta el hecho de que la Electrificadora del Huila tampoco pertenece a los huilenses, pues un 83% de sus acciones son del gobierno nacional, síntoma de la excesiva centralización que padece nuestro país.

Todo lo anterior resulta ser parte de la causa por la cual una familia de estrato 4 del Huila, que no recibe subsidio, ni aporta contribución; paga para el año 2020 alrededor de 572 pesos por kilovatio; mientras que, a una familia de Nueva York, en los EEUU, con una tasa de cambio de 3.366 pesos por dólar, le cuesta en promedio 440 pesos el kilovatio.

De esta manera, considero que es menester de las autoridades de Neiva y del Huila, realizar una transición incomoda pero necesaria, y empezar a ver las energías alternativas como una oportunidad de adaptación al cambio climático, de mejorar la economía de las familias y microempresas neivanas, disminuyendo en el mediano y largo plazo el costo por consumo de energía; y por qué no, de crear una nueva industria en nuestro municipio, en la cual los jóvenes neivanos puedan emprender o emplearse formalmente.

El planeta nos ha brindado altas exposiciones solares, lo que nos permiten la ventaja comparativa en materia de energía fotovoltaica; ahora necesitamos mayor voluntad política para volvernos competitivos.

Por: Juan Diego Amaya
Concejal de Neiva

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