¡Usted no sabe quién soy yo!

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El poder, el dinero y la fama pueden servir para hacer grandes cosas en favor de los más débiles. Es el caso de artistas famosos como Shakira o el de destacados deportistas, que parte de sus ingresos los entregan a fundaciones sociales que benefician a personas de escasos recursos económicos y en otros para promover campañas educativas en favor de la niñez.

También hay una buena cantidad de empresarios que silenciosamente destinan recursos económicos para casos similares y lo hacen con propósitos humanistas, sin pretender recibir ningún tipo de compensación a cambio.

Hay muchas personas que han logrado escalar hacia altos cargos de representación política, unos por elección y otros por nombramiento, que los toman con la mayor calma y actúan convencidos que ese poder no es de su propiedad, ni exclusivo de unos pocos, sino de quienes desde la otra orilla esperan de los servidores públicos lo mejor.

Desafortunadamente, no todos los que son privilegiados por el poder, dinero o fama, piensan y actúan lo mismo, pues ha hecho carrera y no de ahora, sino desde hace muchos años, que algunos de los que tienen un retazo de poder, de dinero o fama se creen soberanos, que piensan y actúan convencidos de ser dueños de la potestad para atropellar y violar normas creyéndose invulnerables y con licencia para pasar por encima del que se interponga en su camino, como si no existiera ni Dios ni ley.

Para bien de nuestra sociedad actual, la ciencia y la tecnología está permitiendo desenmascarar a una buena cantidad de vándalos, que amparados en esas envestiduras o cercanos a ellas, se olvidan que su voz y actos agresivos contra autoridades y particulares, que antes no se podían evidenciar, como ahora, que en pequeños dispositivos electrónicos, estos actos son gravados por autoridades o improvisados periodistas, para luego ser puestos en la picota pública, por los medios de comunicación.

Esa frase: “usted no sabe quién soy yo” ha sido utilizada durante muchos años para impresionar o asustar a personas que prestan servicios en: centros comerciales, restaurantes, edificios residenciales y en especial para amedrantar a servidores públicos de bajo rango.

Siendo los policías los encargados para dirimir conflictos entre ciudadanos, controlar el inmenso flujo vehicular, para hacer que se cumplan las normas, son los que más están expuestos a este tipo de tropeles con energúmenos personajes, que se niegan al cumplimiento del orden, máxime cuando el alcohol les sube su ego al más alto nivel.

Ya cayó ante la magia de la electrónica; un senador, un exembajador, el hijo del presidente de la corte suprema de justicia, y ahora acaba de caer el sobrino de un expresidente.

Bien por nuestra policía que se ha dado a la tarea de descubrir la identidad y verdadera personalidad de estos supuestos gamonales, que una vez puesto en evidencia su conducta grotesca e idiotez, quedan valiendo menos que… “plátano digerido”.

Por: Miguel Rodríguez Hortúa

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