Rescate, capacitación e innovación en la preparación de un popular dulce casero, que se ha convertido en uno de los productos típicos de Paicol: Arequipe Ampar.
Amparo Castañeda Bonilla, una laboriosa madre, nunca se imaginó que poner en práctica el consejo de hacer arequipe sería el modo viable de sobrellevar la responsabilidad de la crianza de su hijo junto con el sostenimiento de la obligación familiar; pero, también, el de recuperar el saber hacer de antaño de este dulce tradicional, con el cual se ha ido forjando una reputación que hoy se extiende más allá de los hogares de su nativa Paicol.
Recostada en la pared de bahareque de entrada a la cocina de su casa, ubicada en el barrio Las Delicias, y acompañada como casi siempre de su hijo y de su madre, Amparo cuenta que se dedicó a hacer el arequipe “cuando nació Víctor, un niño con síndrome de Down, buscando combinar su cuidado con el oficio de la casa. Yo hago varias cosas y mi mamá fue la que me dio la idea”, situación que de inmediato evoca así doña Mercedes: “Un día al ver que ella lloraba, porque no podía salir a trabajar por el cuidado que necesitaba el niño, y como estaba sola, sin el marido, le dije: vea, Amparito, haga arequipe acá y yo le enseño. Yo sé y me recuerdo cuando mi mamita lo hacía, hagamos unos 5 litros de leche para probar y vaya y ofrézcalo. Eso fue hace 15 años, la edad que tiene Víctor, ¡se vendieron todos los 14 tarritos! y ya con platica se dejó para comprar unos 10 litros de leche y desde entonces lo seguimos haciendo. Ella después aprendió más cosas con un señor del Sena”.
Así comenzaba la trayectoria de Arequipe Ampar, un pequeño negocio con el que fuera de asegurar parte del mantenimiento familiar, su orgullosa propietaria ha podido capacitarse y aprender nuevas técnicas de elaboración de este tradicional postre, al lado de aspectos básicos de administración en materia de costos, contabilidad, comercialización, mercadeo, etiquetado, entre otros. Una formación que ha ido actualizando mediante cursos y talleres en los que, al igual que otras tantas personas del pueblo, ha perfeccionado sus conocimientos y competencias con miras a favorecer la productividad de su quehacer.
Una de las primeras capacitaciones tuvo lugar “hace como 9 años, fue del Sena y la hicieron en Tesalia”; desde entonces Amparo se ha preocupado por estar atenta a las que anuncian. Por ejemplo, en una sobre creación de microempresas, aprendió que debía ponerle un nombre al negocio, de ahí surgió Arequipe Ampar. En la última, un curso de derivados lácteos que se llevó a cabo en la sede de la alcaldía de Paicol, con el auspicio de HOCOL, le enseñaron varias técnicas de fabricación del arequipe, buenas prácticas de manejo e higiene en la cocina, “a hacer el arequipe con conservantes, si uno quiere echarle, y el arequipe de diferentes sabores: banano, guanábana, guayaba, limón, coco, mango y el cortado que va con pedacitos de queso y, también, a trabajar el arequipe con azúcar para los diabéticos, con la estevia y la glucosa, que ya las sé manejar”.
Al respecto, Albeiro Castro, asesor en turismo de la Fundación del Alto Magdalena, entidad que tiene a su cargo la gestión de los cursos que promueve HOCOL en la zona, buscando el mejoramiento efectivo de las condiciones de vida de las comunidades en su área de influencia, organizó un curso sobre gastronomía de productos típicos locales. Se pensó en la importancia de su rescate y en el valor diferencial que éstos le pueden dar a cada pueblo. En el caso de Paicol, “el que llega allá come queso con arequipe, y por eso se ha orientado a doña Amparo a que saque arequipe de diferentes sabores, ya que forman parte de las galguerías que piden los visitantes”, resalta.
Igualmente, aprendió como “hacer las etiquetas del producto. Los instructores del Sena nos dieron las indicaciones y nos ayudaron: tengo las etiquetas que van con el nombre de la empresa, el sabor del arequipe y la fruta pintada. El cortado es muy vendible y a la gente le gusta mucho. Además, HOCOL me ha ayudado a comercializar mis productos en las ferias en las que participa y a través del Sena y de una emisora de Neiva que me hace propaganda, me han ido conociendo”, subraya Amparo.
Ahora el Arequipe Ampar con sus distintas variedades se vende en Tesalia, Neiva, La Plata y la gente va a la casa para encargarlo y llevarlo de regalo “cuando va a viajar a otras naciones”. El arequipe de guanábana y el de limón son los más solicitados para regalar, pero el cortado y el tradicional son los que tienen más salida, puntualiza esta madre, cabeza de familia, mientras se alista para repartir, en compañía de su hijo, los pedidos: “Es importante que la gente participe activamente en los cursos que nos traen para que nos sigamos capacitando y poder salir adelante. Con mi trabajo compré todos los utensilios para el oficio, como la primera paila que de tanto calentarla ya se acabó y hoy sirve de matera en el patio, y la estufa industrial a gas”. Un oficio que, anota doña Mercedes, “ sí le ha servido a mi hija pues hay veces en que uno está bien varado y hace un poquito de arequipe y el producido de eso nos sirve para el diario vivir, sobre todo para pagar los recibos de los servicios públicos”.
Dos veces a la semana, en una larga jornada en la que “mi mamá es mi mano derecha, pues me ayuda a vigilar ese día a Víctor que es muy inquieto”, Amparo se dedica exclusivamente a preparar “el puro legítimo arequipe, yo no le echo ni arroz ni maicena” con los 10 litros de leche que le traen varios vendedores de Paicol. En promedio salen unas 20 cajas de ocho onzas, que vende a tres mil pesos cada una a la clientela habitual. Otros días los destina a hacer el arroz con leche, yogur con sabores y las obleas a las que Víctor les unta el arequipe.
Arequipe Ampar “va pa’ delante”, y su dueña espera pronto mejorar el sitio de la cocina, comprar una paila más grande y seguir con los trámites para “sacar el código de barras y el papeleo del Invima” para expandir la comercialización de su producto.


