Un día para conmemorar y 364 para luchar a su lado

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A propósito del 8 de marzo Día Internacional de los derechos de la mujer declarado por la ONU en 1975, es importante señalar que las actuales circunstancias del mundo han hecho que la mujer supere en parte, grandes problemas que en el pasado limitaban sus derechos, la mujer en Colombia, por ejemplo,  accedió al derecho al voto solo hasta 1957. Mucho ha pasado desde esa época y podría decirse que  hoy día, la mujer, ha sido en esencia un motor de cambio.

Su participación en la economía, sus desarrollos académicos, la participación política a través del movimiento feminista, considerado uno de los más importantes del siglo XX,  han hecho que ellas jueguen un papel fundamental en la transformación social. Ellas han pasado, de ser unas amas de casa, a ejecutivas, jefes, docentes, científicas, que toman decisiones, lideran procesos, y fomentan cambios que nosotros los hombres nos hemos negado en oportunidades a realizar.

Pero estos cambios, no son razones para considerar que todo está superado, según la ONU, la violencia contra la mujer es el delito más común pero menos castigado del mundo, se estima que de 113 a 200 millones de mujeres están “desaparecidas” demográficamente.

Han sido víctimas de infanticidio (se prefiere a los varones) o no han recibido la misma cantidad de alimentos y atención médica que sus hermanos y sus padres. Se estima que anualmente entre 700.000 y 4.000.000 de mujeres de todo el mundo son obligadas a ejercer la prostitución o son vendidas para ese fin, y que las ganancias de la esclavitud sexual oscilan entre 7.000 y 12.000 millones de dólares de los Estados Unidos (ONU, 2007).

A nivel mundial, las mujeres de entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de sufrir mutilaciones o de morir debido a la violencia masculina que por causas como el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico o la guerra, combinadas. Por lo menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o maltratadas de otro modo a lo largo de su vida.

Por lo general, el autor de la violencia es un miembro de su propia familia o algún conocido. La violencia en el hogar es la forma más generalizada de maltrato de la mujer en el mundo entero, independientemente del origen étnico, la educación, la clase social y la religión. Se estima que todos los años más de 2 millones de niñas son objeto de mutilación genital, lo que equivale a una niña cada 15 segundos[1].

En muchos conflictos del mundo la violación sistemática es utilizada como arma de terror. Se estima que en Rwanda fueron violadas entre 250.000 y 500.000 mujeres durante el genocidio de 1994. El PNUD, ha sustentado que “La mayoría de las víctimas sobrevivientes de la situación de violencia interna generada por el conflicto con los grupos armados ilegales son mujeres. De hecho, algunas organizaciones señalan que éstas constituyen más del 80% de las víctimas del país.

Esta situación profundiza y exacerba la exclusión, la discriminación y la violencia que históricamente han padecido las mujeres[2]. Los estudios muestran que cada vez son mayores los vínculos entre la violencia contra la mujer y el VIH; que las mujeres infectadas con el VIH tienen mayor probabilidad de haber sufrido violencia; y que las mujeres que han sufrido violencia corren un mayor riesgo de infectarse con el VIH[3].

Mujer dadora de vida y ejemplo de dignidad

Pese a este desalentador panorama, es preciso señalar que resaltamos sin temor a equívocos el papel que ellas desempeñan en el desarrollo de la vida misma y de la dignidad, como madres y dadoras de vida pues ellas tienen que soportar en su vientre y sufrir los inmensos dolores que significa el dar a luz, pero valientes como siempre, no dudan en continuar con la ardua tarea de arropar con sus brazos y amantar a sus pequeños hijos hasta que puedan alimentarse por sí solos, en este ambiente les cantan, los protegen, los cuidan y acompañan largos periodos aun cuando estos con su delicadez son víctimas de enfermedades y en clínicas y hospitales sus noches de vigilia y angustia son el pan de cada día.

No existe una escena más dolorosa que la cara de una madre cuando tienen que ver someter a sus hijos a tratamientos médicos que le infringen dolor y que ellas preferirían sentir para evitar que sus criaturas los sientan.

Para las madres los hijos crecen, pero para ellas siempre serán sus pequeños, sabrán de sus miedos, sufrirán con sus derrotas pero nunca dudaran de ellos, “yo sé que fue lo que crie” gritaran al viento, cuando se pretenda poner en entre dicho a cualquiera de sus hijos.

Es claro que la mujer no es solo madre, pero ellas además de cumplir con su rol de mamá tiene que trabajar y en muchos casos son sometidas a jornadas difíciles que interfieren en el desarrollo de la formación de sus hijos, la sociedad actual es indolente ante esta situación y desconoce que existe incluso derechos como la estabilidad laboral reforzada para aquellas valientes mujeres que además de laborar enfrentan la gestación como parte de su vida (Corte Constitucional Sentencia T-320/16).

El papel de la mujer en la sociedad es fundamental, máxime cuando en un caso como el de la ciudad de Neiva, son en su gran mayoría las responsables de la educación de la ciudad, en mi experiencia como Secretario de Educación en pocas ocasiones se puede ver a un maestro con llanto contando el sufrimiento de sus alumnos, es en las maestras que se visualiza un grado de sensatez y compromiso inigualable, es en ellas que existe una labor desarrollada con alma, corazón y vida, pues es fácil encontrarse con su sonrisa, a pesar de que tenga que tragarse una lagrima en cada carcajada como decía Jaime Garzón, la voces de aliento, la escucha pausada, el abrazo fuerte y el beso consolador se constituyen en el bálsamo que requiere un alumno triste por sus conflictos, por el abandono familiar o por los problemas que lo consumen producto de la pobreza o por la falta del amor que en ocasiones solo reciben de sus maestras.

La mujer no solo es vida, es dignidad, a cuantas mujeres se les ha visto correr a abandonar a sus hijos cuando ellos nacen, a cuantas se les ha visto sometidas a un desvergonzado procesos de inasistencia alimentaria, todos sabemos que a pocas, son los hombres irresponsables los que en un 95% son sometidos a este proceso, debería dar vergüenza que alguien lo tenga que demandar para que respondan por sus hijos, por fortuna tenemos el ejemplo de nuestras mujeres que no dudarán un solo instante para hacer frente a sus obligaciones como madres y aunque tengan que pedir, someterse a humillaciones, al fuego, al viento, a la soledad, siempre estarán dispuestas a trabajar los siete días de la semana, las 24 horas del día de ser necesario para llevar el pan a la casa y el abrigo necesario para sus hijos.

Mujeres inteligentes, lideres, trabajadoras, bellas, cálidas, tiernas, amorosas, sinceras, que sería de la vida sin ustedes, que sería de nuestra economía, seguramente un perfecto fracaso, pues su capacidad de ahorro, su virtud de ser polo a tierra, su mesura, su organización, ha permitido a los hombres ser lo que somos, gracias infinitas por su apoyo, por ser nuestro paño de lágrimas (así nos de pena admitirlo) gracias por ser nuestras consultoras preferidas, por mirarnos a la cara con la sinceridad que les caracteriza y en algunas ocasiones por decirnos que no.

Gracias infinitas por darnos la vida, por ser ejemplo de dignidad, por mostrar a cada instante de que son capaces de arreglarlo todo, por permitirnos soñar, inspirarnos, enamorarnos, por ser ese milagro de la vida, gracias por adornar los paisajes, por ser indispensables e insustituibles, por ser la mayor fuente de amor, de paz y reconciliación, gracias mujeres por lo que son y significan en nuestras vidas.

Gracias Dios por mi madre Gladys Ortiz, a quien le debo mi vida, por mi esposa Tania Solange Trujillo a quien le profeso amor eterno, le debo lo que soy y pido a Dios por su salud y larga vida para que me siga acompañando en la lucha por un país mejor, gracias por mi suegra que está en los cielos Olga Pérez, ejemplo de humildad y ternura, por mi amiga y madre putativa Martha Cecilia Abella, por Maria Cristina Patiño, por mis hermanas, sobrinas, amigas y compañeras de trabajo de la Universidad Surcolombiana, a mis ex compañeras de la Alcaldía, a mis alumnas, e infinitamente gracias a mis maestras.

Por todo lo planteado, el 8 de marzo conmemoramos su día, pero por los 364 días restantes cuente con nosotros para continuar con alma, corazón y vida luchando por sus derechos y haciendo de este mundo un lugar más justo, equitativo y respetuoso para ustedes.

[1] Estudio a fondo del Secretario General sobre todas las formas de violencia contra la mujer (2006) (A/61/122/Add.1). Vlachovà, Marie y Biason, Lea, Eds. (2004) Women in an Insecure World: Violence Against Women – Facts, Figures and Analysis. Centro de Ginebra para el control democrático de las fuerzas armadas.

[2] PNUD. Revista Hechos del Callejón [En línea] No. 33,  Disponible en: http://www.acnur.org/pais/docs/2296.pdf [2008, 15 de septiembre].

[3] Ibídem.

Por: Alfredo Vargas Ortíz

[1] PhD, MD, Universidad Nacional de Colombia, Abogado U. Surcolombiana, Docente de Planta USCO, Director grupo de Investigación Derecho Internacional y paz. Director Ejecutivo Centro de Estudios Internacionales World`S Key www.worldskey.com.  E-mail alfredo.vargas@usco.edu.co, Twitter @Alfredovargaso.

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