Transición energética sostenible

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El cambio climático es una preocupación mundial. Sin embargo, el cambio climático, al no ser visto como una prioridad entre otros temas, aún no ha sido fuertemente incorporado en las agendas de política ambiental o económica de los países en desarrollo.

La evidencia muestra que algunos de los efectos más adversos del cambio climático los experimentarán los países en desarrollo cuyas poblaciones son las más vulnerables y las que tienen menos probabilidades de adaptarse al cambio climático.

Por ejemplo, aunque los países de América Latina representan solo el 9% de las emisiones globales de dióxido de carbono, el impacto social y económico de esas emisiones es significativamente mayor que en los países desarrollados y emergentes. Este fenómeno se denomina «doble inequidad», donde el impacto del cambio climático se siente más profundamente en las sociedades más pobres que no son las principales emisoras.

En este sentido, es importante que los países en desarrollo, especialmente los países de América del Sur, incluyan e integren urgente, los temas de cambio climático en su proceso de toma de decisiones, donde la política energética juega un papel importante en su desarrollo.

Colombia ha dependido del petróleo durante mucho tiempo, pero en los últimos años los gobiernos han establecido políticas para diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. El país tiene un gran potencial en energía renovable, pero aún enfrenta muchos desafíos en el camino hacia una transición energética sostenible, por eso es tan importante la cooperación internacional.

Alemania apoyaría a Colombia con alrededor de 200 millones de euros que serían invertidos en la transición energética y la protección del medio ambiente. El pasado 16 de junio, los gobiernos de Alemania y Colombia firmaron la “Declaración de Intención sobre una Alianza para el Clima y una Transición Energética Justa”, un acuerdo en el que se establece la creación de proyectos de reforma en materia de movilidad, protección al medio ambiente y desarrollo de mercados de capital verde con los que ambos países buscan la expansión de las energías renovables, el desarrollo urbano sostenible y la conservación de los bosques y la biodiversidad.

En términos de generación de energía, Colombia tiene una de las matrices de generación eléctrica más limpias del mundo. A diciembre de 2018, la capacidad instalada de generación en el Sistema Interconectado Nacional fue de 17.312 Mega-watts (MW).

De esta capacidad instalada, el 68,4% correspondió a generación hidráulica, casi el 30% a generación térmica (13,3% con Gas Natural, 7,8% con combustibles líquidos y 9,5% con carbón) y aproximadamente el 1% con Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER) (eólica, solar, biomasa). La alta dependencia al recurso hídrico hace al sistema eléctrico colombiano vulnerable ante escenarios de hidrología crítica, como el fenómeno de El Niño. Durante los períodos de normalidad hidrológica, la generación hidráulica está en capacidad de abastecer cerca del 85% de la demanda.

En contraste, durante períodos secos, afectados por el fenómeno de El Niño, las fuentes de generación térmica cubrieron casi el 50% de la demanda, incurriendo en altos costos de generación y mayores emisiones de gases efecto invernadero. En 2019, la sequía llevó a los niveles de agua de los embalses a mínimos históricos, lo que obligó al país a importar energía para satisfacer la demanda interna.

El riesgo ante escenarios de sequía puede reducirse con la diversificación de la matriz de generación, especialmente con un aumento de la participación de las Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER – Eólica, Solar, geotérmica, biomasa, mareomotriz y nuclear).

Como modelo de desarrollo, la transición energética se presenta como una opción relevante para Colombia en el contexto de la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia un futuro más sostenible.

Sin embargo, el éxito de esta transición depende de una serie de factores, entre ellos la capacidad del país para desarrollar fuentes de energía renovable y eficiente, la voluntad política para implementar políticas públicas que promuevan la transición, la participación activa de la sociedad civil, del sector privado y la creación de un marco regulatorio adecuado.

Colombia cuenta con un importante potencial de fuentes de energía renovable, como la solar, eólica, hidráulica, biomasa; que podrían ser aprovechadas para diversificar la matriz energética, reducir la dependencia del petróleo y el gas.

Además, la implementación de tecnologías de eficiencia energética en los diferentes sectores económicos y la promoción de prácticas de consumo responsable de energía son fundamentales para lograr una transición exitosa. En Villanueva, Casanare, se está construyendo la que será la mayor planta de generación de energía por medio de biomasa. Se trata de un proyecto de Refocosta, que construirá EDF (Électricité de France), con una capacidad instalada de 25 Mega-watts (MW). Uno de los puntos más relevantes de este proyecto es que para su construcción no se está quitando superficie de agricultura, ni cambiando el uso del suelo.

Si bien, hay avances en la transición energética en Colombia, aún queda mucho por hacer. Se necesitan políticas públicas que promuevan la inversión en energías renovables y que fomenten la eficiencia energética. También es importante mejorar la infraestructura energética del país y fortalecer la investigación y desarrollo en nuevas tecnologías energéticas.

En términos generales impulsar la transición energética en nuestro país es importante por varias razones: 1) Diversificación de la matriz energética: Actualmente, la mayoría de la energía en Colombia se produce a partir de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas natural. La transición energética permitiría incorporar fuentes de energía renovable como la energía solar, eólica, hidráulica, geotérmica y biomasa.

Esto reduciría la dependencia de los combustibles fósiles y haría que la energía sea más sostenible y limpia. 2) Reducción de emisiones de gases de efecto invernadero: Colombia se ha comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 51% para el año 2030.

La transición energética hacia fuentes de energía renovable es una manera efectiva de lograr esta meta, ya que estas fuentes no emiten gases de efecto invernadero. 3) Aprovechamiento del potencial de energías renovables: Colombia tiene un gran potencial para el desarrollo de energías renovables, especialmente en energía solar y eólica.

La transición energética permitiría aprovechar este potencial y convertir a Colombia en un líder en la producción de energía renovable en la región. 4) Creación de empleos: La transición energética podría generar empleos en la industria de energía renovable, ya que se necesitaría personal para instalar y mantener los sistemas de energía solar, eólica e hidráulica. Además, la producción de biocombustibles también podría generar empleos en el sector agrícola.

El gobierno colombiano ha implementado diversas políticas y programas para fomentar la adopción de energías renovables, como la generación de incentivos y la promoción de inversiones en este sector. Además, ha establecido metas ambiciosas de energías renovables para el futuro cercano.

En cuanto a la reducción de las tarifas de energía, el gobierno ha venido trabajando en la mejora de la eficiencia energética en el país, lo que debe disminuir los costos de producción y, por ende, reducir las tarifas para los consumidores. También se han establecido medidas regulatorias para garantizar que las empresas de energía eléctrica no cobren precios excesivos.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, las tarifas de energía en Colombia siguen siendo altas en comparación con otros países de la región, lo que puede representar un desafío para los consumidores y para el desarrollo económico del país. Por lo tanto, la transición energética y la reducción de tarifas de energía seguirán siendo temas importantes en la agenda política y económica de Colombia en los próximos años.

En conclusión, la transición energética es un proceso necesario para lograr un futuro sostenible y Colombia está en el camino correcto para alcanzar sus objetivos de energías renovables y reducción de emisiones.

Sin embargo, es necesario llegar a consensos con todos los actores involucrados en el proceso, aunar e incrementar compromisos y acciones por parte del gobierno, la industria y la sociedad en general para lograr una transición energética efectiva y duradera.

Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo

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