Tiananmén, al olvido

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Entre el cuatro y cinco de junio, se cumple otro aniversario de la masacre de Tiananmén.  Cuando ocurrió yo era un adolescente, que se impactó con la forma brutal en que se trasmitió al mundo una terrible matanza de estudiantes, profesores universitarios y jóvenes que pedían reformas en esa China del comunismo criminal de Mao Tse Tung y demoniacamente pragmático de Deng Xiaoping.

Deng Xiaoping, el directo responsable de la matanza, que acopió para la historia la famosa frase “No importa que el gato sea blanco o sea negro. Mientras cace ratones, es un buen gato.»

Esa cita que muchos usan sin entender lo perverso de su contenido, aquella que gerentes muy capitalistas, modelos, deportistas y hasta políticos de medio pelo utilizan para demandar una supuesta eficacia o eficiencia,  sin entender lo aterrador de su significado.

Esa frase, es la mejor representación de la China de hoy, un estado totalitario, para el cual, el fin del comunismo es la riqueza del estado, del partido comunista y sus miembros, y no la pobreza común de campesinos y trabajadores que pregonaba Mao Ste Tung en su Gran Marcha.  Hitler demandaba por el mismo fin para el nazismo entre las páginas fanáticas de Mein Kampf.

Porque para el partido comunista orientado por Deng Xiaoping el gato puede ser blanco, negro, rojo, dorado o de cualquier otro color, pero el gato sigue siendo comunista, y ya no tiene por objetivo la igualdad de los trabajadores y campesinos, sino la riqueza económica y militar del estado totalitario.  Así de simple.

Eso de la igualdad de los trabajadores es un eslogan de revolución romántica europea, que los comunistas chinos, y particularmente, Deng Xiaoping, despreciaba profundamente.

Así que en 1978 China se  comprometió en convertirse en el estado más rico del mundo y repensar el comunismo, como sistema político y económico, de modo que no promoviera la lucha de clases sociales, y se convirtiera en algo más monstruoso: que el pueblo chino, el más numeroso del mundo, se dedicara a la simple obtención de riqueza para el estado, aun por encima del bienestar de los trabajadores.

Si usted quiere entender en que consiste el esclavismo moderno debería conocer las condiciones laborales de una fábrica China, en donde se producen los utensilios que compramos a diario, que se convierten en basura en menos de lo que canta un gallo (sin importar el costo ambiental de ese acto, por supuesto) y que se producen con sustento en una oprobiosa servidumbre humana.

Contra ese sistema se levantaron valientes jóvenes chinos y profesores universitarios, que hoy el mundo no recuerda, el 4 y 5 de junio de 1989.

Y de esa masacre queda una fotografía, que se tituló “El hombre del tanque” (“Tank Man”) que para mí es un símbolo vivo de la tenacidad y fortaleza del espíritu humano.

Varios pensadores, periodistas, y por supuesto, fotógrafos, no han dudado en señalar que la fotografía tomada por Charlie Cole, desde la ventana de un  Hotel en Pekín en medio de la matanza, es la más importante y significativa de la historia.

Por supuesto, la identidad del hombre que tenía sus manos ocupadas con muy seguramente dos bolsas de víveres, jamás se conoció, y debe ser evidente que fue ejecutado muy poco después de tomarse la fotografía.

El punto es que este año, en el aniversario de la masacre, en medio de la pandemia, unos periodistas de la BBC  se dedicaron a preguntar a jóvenes chinos de menos de 25 años, si conocen la fotografía y sobre todo lo que representaba.  Ninguno supo dar respuesta de nada.

Creo que la BBC, hizo un ejercicio estúpido.  Pues con tal nivel de negación de derechos individuales de la República Comunista China, es obvio que ningún joven en China va a conocer el significado de la fotografía de “El Hombre del Tanque”, no solo porque en el Partido Comunista Chino ha censurado la información sobre masacre, sino porque en China es literalmente un delito publicar o ver esa esa fotografía.   Cualquiera que entienda el pragmatismo de los chinos y la obsesión de los orientales por la eficiencia, sabrá que superar ese nivel de censura es imposible.

La Matanza de Tiananmén es un tema tan espinoso para el Partido Comunista Chino, que por ejemplo los familiares de las víctimas de la masacre están permanentemente vigilados, no se les permite el acceso a la prensa extranjera, ni dar entrevistas a ningún periodista, y llegan a la monstruosidad, de que cuando quieren visitar las tumbas de sus familiares, son escoltados por policías.

Así que por redes sociales hice el experimento de preguntar a varios jóvenes con los cuales tengo cierta cercanía, amistad, o en todo caso contacto virtual, si conocían la fotografía, su contexto y lo que representaba.

El resultado fue para mí extremadamente desalentador pues literalmente ninguno conocía, ni la fotografía, ni su significado.   Ninguno sabía en donde, ni cuando,  se había tomado, ni mucho menos que representaba.

Para aquellos que amamos la democracia y consideramos los derechos humanos el logro más importante de la historia de la humanidad, debe ser extremadamente preocupante que se desconozca el significado de Tiananmén, pues los jóvenes de hoy deberán convivir hacia el futuro  bajo la sombra de esa China liderada por un sistema totalitario y opresor.

Tendrán que entender que todo lo que decida el gigante asiático afectará sus vidas, y ellos, no se ponen con cuidados innecesarios, como lo evidencia la masacre en sí misma. Deberán decidir sobre la posibilidad de asemejarse a ese sistema, pues ya existen personas que en Latinoamérica piensan que no importa sacrificar la libertad y la democracia con tal de ser tan ricos como ellos.  Muchos de esos jóvenes por el contrario admiran la fortaleza del gigante asiático y sobre todo su riqueza.

Lo irónico es que esos jóvenes no saben que las protestas que desencadenaron la Matanza de Tiananmén se iniciaron precisamente por la gran represión que el Partido Comunista Chino ejerce sobre la población desde la revolución cultural, pues lo que demandaban los estudiantes era precisamente libertad y democracia.

A más de 30 años de Tiananmen, China, sigue negando las reformas políticas que acabarían con el unipartidismo como principio fundamental de funcionamiento del Estado Comunista Chino, y está logrando que tanto en el interior de China, como en el resto del el mundo, se olvide la masacre y sus motivos.

Si ese olvido, es el objetivo del gato, entonces, definitivamente caza ratones.

Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
Twitter: @jpmurciadelgado

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