¿Somos de doble moral?

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Poco a poco, la sociedad ha venido dejándose arrastrar por presiones que esta misma ha impuesto dada la necesidad de crecer como individuos, lo cual se traduce fundamentalmente en un crecimiento material y económico, pues precisamente es con la medida de lo cuantitativo como nos han vendido la idea de que una persona es más grande que otra.

Estas condiciones impuestas por la sociedad actual, han hecho que la moral se ajuste a las circunstancias que el entorno traza y que de una u otra manera empujan a los individuos a buscar desesperadamente posiciones de poder que se respaldan con apariencias materiales, sin importar si son reales o irreales, bien habidas o mal habidas.

Immanuel Kant profirió una expresión que plantea que “la moral es la ciencia que enseña, no cómo hemos de ser felices, sino cómo hemos de llegar a ser dignos de la felicidad”, un pensamiento que nos obliga a reflexionar sobre la ética y la dignidad, dado que, en el afán de buscar la felicidad a través de lo material, se puede llegar a poner en riesgo estos dos grandes valores humanos.

El escritor español Fernando Savater dijo que: “después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir”.

Ese valor, decisión y apasionamiento para vivir, es el que nos puede conducir a crecer en medio de parámetros morales aceptables, aunque el todo vale reine por doquier y de una u otra manera, muchas personas, la mayoría, terminen culturizándose de tal forma que lo impropio se acepte como válido y así lo importante termine siendo el tamaño o volumen de la cuenta de ahorros, el lujo de la casa en donde se habite y la marca del vehículo que se conduzca.

El filósofo británico Bertrand Russell profirió la siguiente expresión: “La humanidad posee una moral doble, una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”, de allí que la mojigatería sea una práctica común en la que se muestra una cara buena ante el público y el espejo, y otra que es la que tiene que rendirle cuentas a su propia conciencia.

La generosidad para convivir y compartir de lo mucho o de lo poco, es aquel desprendimiento que existe de lo material y lo humano. La capacidad y la disposición de participar a otros de un pedazo de pan o una sonrisa, ambos tan valiosos como importantes, tan nutritivos para el cuerpo y para el alma, tan esperados y tan añorados por muchos.

Rabindranath Tagore compartió esta frase: “La raíz escondida no pide premio alguno por llenar de frutos las ramas” y el Evangelio de San Mateo, en su capítulo 6, versículos 3 dice: “Más bien, cuando le des ayuda a un necesitado, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha”.

Si han llegado hasta esta línea del presente escrito, se preguntarán, bueno y todo esto como por qué y para qué, sencillo para extenderles una invitación para que junto a mí nos cuestionemos internamente acerca de nuestro comportamiento moral. Si están leyendo es porque aún podemos hacerlo, generando cambios trascendentales para ser mejores ciudadanos y mejores personas. Porque como dijera Khalil Gibran, “Aquel que no usa su moralidad sino como si fuera su mejor ropaje, estaría mejor desnudo”.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04

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