Seguridad o soberanía alimentaria

Seguridad o soberanía alimentaria

A simple vista estos términos parecerían sinónimos, pero no, mientras en 1990 trajimos 400 mil toneladas de alimentos, él año pasado, importamos 14 millones de toneladas, (Maíz, trigo, cebada, centeno, soya, lenteja, leche, lacto-sueros etc.).

Alrededor del 38% de las necesidades del país, pero todavía más del 60% los producimos los campesinos, así logramos suplir las necesidades de seguridad alimenticia de los colombianos, temporalmente.

Pero me pregunto, ¿esta política será sostenible, a largo plazo, (tenemos el ejemplo de Venezuela), con los precios del petróleo y el carbón por debajo del costo de producirlos? La respuesta es no, los 30 años de apertura económica hacia adentro, nos dejan un balance desalentador, hoy con solo los EE.UU. nuestro déficit comercial asciende a más de 14 mil millones de dólares, en nuestra contra.

A renglón seguido Fenalce y 19 organizaciones, incluyendo las dignidades agropecuarias, han demandado, ante el Consejo de Estado, el decreto 523, por el cual el gobierno deja libre de aranceles la importación de cereales los próximos 5 años. Él motivo de dicha petición, es proteger la producción de alimentos nacionales y así no perder a futuro nuestra soberanía alimentaria.

De acuerdo a la política neoliberal aplicada desde 1990 por el gobierno de César Gaviria, y profundizada en las tres décadas posteriores, se trató de acabar con la industria de manufacturas que sustituían importaciones y con nuestra soberanía alimentaria. El modelo implementado por la CEPAL, tenía como fortaleza que generaba suficientes empleos nacionales, pero con la importación de alimentos y productos manufacturados extranjeros, los puestos de trabajo se destruyeron.

El balance de los treinta años de apertura económica en el sector rural, nos  arruinó el empleo en el campo, en los sub-sectores de algodón, en 1989 se alcanzaron a sembrar 380 mil hectáreas, se redujeron las áreas sembradas, en maíz, en sorgo, en soya, en cebada etc., sus recolectores asalariados nómadas, migraron a  producir, abonar y raspar coca, y a formar parte de los ejércitos regulares de las Fuerzas Armadas y de los irregulares de la guerrilla y después de las auto-defensas.

Firmados los procesos de paz primero con las AUC y posteriormente con las FARC, la Colombia post-pandemia Covid-19, la seguimos pensando con alimentos y manufacturas importados, o por el contrario crearemos una verdadera reingeniería estratégica, con una prospectiva de futuro al campo nacional para lograr como visión, con prospectiva de futuro, una Colombia con soberanía, y seguridad alimentarias.

Claro, para garantizar la soberanía alimentaria, y así  no depender de alimentos importados, debemos priorizar nuestra producción, como política de estado sistémica, es decir, los créditos deben ser orientados hacia los productores más que a los importadores y comerciantes amigos del ministro, o de los agricultores extranjeros.

Finalmente, bienes públicos, cuando tendremos una autopista trasversal, de oriente a occidente, dé Puerto Carreño a Buenaventura, qué supere las tres cordilleras, integrando la Orinoquía, con el centro y el occidente colombianos. ¿Cómo nos integramos  con el Asia y el océano Pacifico, si no tenemos conectividad vial terrestre, que nos garantice su interconexión?

Coletilla: Tal parece que en el alto gobierno, concursan por un Guinness record, dé la declaración más desafortunada, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, afirma, que los colombianos somos unos “atenidos”; el ministro de agricultura Zea, “Tenemos que usar mejor nuestros suelos. “Esos” (Las comillas son nuestras) los campesinos somos los responsables de que esté en peligro la seguridad alimentaria colombiana.

Por: Alberto Castillo Losada
Ganadero huilense

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