Protocolos para el turismo

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Una difícil decisión tiene que tomar los empresarios del país, a raíz de la obligatoriedad de implementar protocolos de bioseguridad para evitar la expansión de la pandemia mundial del Covid-19, pero a su vez para reactivar la economía, igualmente afectada y en riesgo inminente.

Al tiempo que deben implementar las medidas de seguridad para el control del riesgo biológico, deben calcular los recursos que tendrán que invertir para desarrollar dichas medidas, así como los costos que deberán trasladar a sus productos y/o servicios, al momento de adoptar los cambios necesarios en mejora de sus procesos.

Para todos es claro que ante la actual crisis, es una responsabilidad prioritaria de las empresas, establecer un “conjunto de medidas preventivas, destinadas a mantener el control de factores de riesgos laborales procedentes de agentes biológicos, físicos o químicos, logrando la prevención de impactos nocivos, asegurando que el desarrollo o producto final de dichos procedimientos no atenten contra la salud y seguridad de trabajadores y usuarios.

Estos mecanismos, no son nuevos, y fueron establecidos por el Centro de Control de Enfermedades (C.D.C.) de Atlanta en 1987, a través de un grupo de expertos quienes desarrollaron guías para prevenir la transmisión y control de la infección por VIH y otros patógenos provenientes de la sangre hacia los trabajadores de la salud y sus pacientes. En el cual se recomendó que todas las instituciones de Salud adoptaran una política de control de la infección, que denominaron “Precauciones Universales””. (Ministerio de Salud, 1997).

Ante la actual situación, muchos de estos controles y medidas que se habían adoptado en esos momentos; y que se habían  olvidado o abandonado por la tranquilidad “supuesta” que genera la inactividad mediática de una enfermedad de contagio masivo, o su simple asimilación en la cotidianidad; se han vuelto a poner de moda, con el agravante de que en una época donde las avanzadas herramientas de comunicación, dominan el mundo, no hay excusa para su desconocimiento, generando inclusive “pánico” excesivo en su aplicación.

Ante este panorama, las empresas del sector turístico, presentan varias condiciones especiales, propias de una actividad que requiere en mayor o menor medida de la interacción de las personas para su desarrollo, exponiendo al empresario ante el difícil dilema de sobreponer su responsabilidad social  a sus intereses económicos.

En el caso de las empresas encargadas de actividades de Alojamiento, además de todos los costos que les implicaran las adecuaciones de bioseguridad en sus instalaciones, deberán repensar los conceptos de acomodación múltiple, los cuales muy seguramente desaparecerán por muy largo tiempo, pasando a la acomodación familiar o individual como únicas alternativas activas.

Esto forzosamente incrementara los costos de algunos paquetes turísticos diseñados para grupos. Para las empresas de transporte, el panorama no es diferente. Sus equipos y flotas de transporte deberán ser readecuados a las condiciones actuales de “distanciamiento” establecidas, pero además deberán considerar operarlos a una mínima capacidad (30% o 50%), incrementando lógicamente los costos de los desplazamientos grupales.

En el tema de restaurantes, la situación es idéntica, adecuaciones en sus instalaciones, atención a grupos canceladas (a menos que se manejen las distancias requeridas), y operación con ocupación mínima. Otras actividades de apoyo como la de los guías turísticos, animadores, recreacionistas etc., se tendrán que transformar y realizarse de forma individual o semi-personalizada, atendiendo solo grupos familiares.

Solo teniendo en cuenta estos tipos de actividades relacionadas con el sector turístico, el panorama es desalentador. Ante la actual situación económica, las personas reducirán sus gastos en actividades no prioritarias o suntuosas, y el incremento de los costos que deberán cargarse a los paquetes turísticos, harán que estos se conviertan en inalcanzables para muchos potenciales clientes.

El turismo se debe reinventar, y sus actividades reacondicionar a la nueva situación, pero el análisis costo beneficio de la nueva modalidad turística y las metodologías para minimizar su impacto económico, será el criterio que definirá qué empresas continúen o desistan en su intento de posicionarse en esta industria.

Una labor nada sencilla para los empresarios del sector que tendrán que sacar a relucir todas sus habilidades en planeación financiera, o asesorarse con expertos en el tema para no dar ningún paso en falso.

Por: Hugo Andrés Rivera Collazos
Administrador de Empresas – Universidad Surcolombiana
Especialista en Planificación de Destinos Turísticos – Universitat Oberta de Catalunya

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