Preocupante dato: 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental ¿Qué estamos haciendo mal?

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¿Cómo hacer niños y niñas más fuertes y seguros de sí mismos? ¿Qué rol o papel juegan las instituciones educativas en este sentido? Pregunta fácil, respuesta difícil en medio de una sociedad que cada día exige mayor resiliencia ante tantos desafíos.

De acuerdo con *Liliana Erazo, docente del programa de Licenciatura Infantil de Areandina, sede Bogotá*, esta tarea no solo es compromiso de la escuela y de los colegios, también es responsabilidad de los padres y/o cuidadores, siendo estos los primeros agentes socializadores y formadores de los menores. “Hoy más que nunca tenemos que aprender a cuidarnos a nosotros mismos y a los otros”, dice.

Según Erazo, la violencia se puede definir, entre otros significados, como la respuesta a la falta de cuidado y a diferentes fenómenos que ponen en riesgo la integridad del cuerpo, la mente y el espíritu.

Es por ello, explica la docente, que hoy el mayor aprendizaje que se les puede dejar a los niños y niñas es enseñarles a cuidarse a sí mismos. “Este conocimiento les permitirá defenderse, pero además les ayudará a prevenir los peligros y a proteger su vida”.   

Sin embargo, ¿hoy contamos con niños fuertes para que puedan defenderse también por sí mismos? La respuesta es preocupante. De acuerdo con varios especialistas en salud mental, actualmente en los hogares e instituciones educativos se está viviendo una tragedia silenciosa, pero de ruidosas magnitudes: “Los niños, niñas y jóvenes están en un estado emocional devastador”.

De hecho, el Doctor Luis Rojas, reconocido psiquiatra, advierte que en los últimos 15 años varias investigaciones han evidenciado cifras preocupantes sobre el aumento agudo y constante de la salud mental de los menores de edad en Colombia, índices que han alcanzado proporciones epidémicas.

“Las estadísticas no mienten, hoy 1 de cada 5 niños y niñas tiene problemas de salud mental; asimismo, en 43 % se ha notado un aumento del 43 % de Trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), un incremento del 37 % de depresión adolescente y una subida hasta del 200 % en la tasa de suicidios en menores con edades entre 10 y 14 años”, asegura el Doctor Rojas.

¿En qué nos estamos rajando?

De acuerdo con Erazo, los niños y niñas son sobre-estimulados y sobre-recompensados de objetos materiales; no obstante, también están siendo privados de los fundamentos de una infancia y juventud sana, tales como: padres emocionalmente disponibles, límites claramente definidos, responsabilidades, nutrición sana y equilibrada, sueño adecuado, actividades que motiven su ejercicio físico al aire libre, juego creativo e interacción social.

En cambio, en los últimos años, añade la experta, “la mayoría de los chicos han estado acompañados de padres distraídos digitalmente, indulgentes y permisivos que dejan que sus hijos “gobiernen el mundo” y sean quienes pongan las reglas, con derechos que quizá no se han ganado y que simplemente hay que darles todo simplemente porque si”.

Asimismo, hoy los niños y niñas, por lo general, duermen mal, no tienen una nutrición balanceada, mantienen un estilo de vida sedentario, no cuentan con suficiente estimulación física, están pegados de la tecnología y en ocasiones no cuentan con límites ni mayor control.

¿Hay un manual para formar niños fuertes emocionalmente?

Los estudios demuestran que la personalidad y el carácter se forja en los primeros años de la infancia y no en la adolescencia. Por eso, si usted quiere que su hijo o hija sea fuerte a nivel emocional y no se deprima o se desanime por el primer obstáculo que se le presente, que sea feliz y saludable, tiene que despertar y volver a lo básico. ¿Cómo hacerlo?

Primero, establezca límites en el hogar siendo usted el capitán del barco y no el niño o la niña. Esto le permitirá al menor sentirse más seguro al saber que usted tiene el control del timón.

Segundo, foménteles un estilo de vida equilibrado, lleno de lo que realmente necesita y no solo de lo que quiere. “Recuerde, no hay que tener miedo de decir “NO” ni a poner límites”, insiste Erazo.

Tercero, proporcióneles alimentos nutritivos y evite al máximo la comida chatarra.

Cuarto, cree espacios y ocasiones para que hagan actividades al aire libre o realicen deporte, entre ellas: montar bicicleta, caminar, jugar fútbol o baloncesto, observar insectos o aves. Asimismo, organice un picnic en el parque, sin teléfonos inteligentes en la mano ni tecnología que los distraiga.

Quinto, desarrolle en ellos hábitos sanos. Por ejemplo, no les permita comer en la cama o la habitación, organíceles un lugar adecuado y libre de distracciones donde puedan estudiar y hacer tareas, y enséñeles que la cama solo es para descansar.

Sexto, comparta con ellos juegos de mesa, déjese llevar por sus intereses y permita que sean ellos quienes orienten el juego, pero recordándoles que las reglas se cumplen.

Séptimo, involúcrelos en una tarea o quehacer del hogar de acuerdo a su edad. Doblar la ropa, ordenar los juguetes, colgar el uniforme del colegio, desempacar el mercado, poner la mesa, dar de comer al perro, etc.

Octavo, implemente una rutina de sueño consistente para asegurar que el menor duerma lo suficiente. Los horarios de descanso son clave en la epata escolar.

Noveno, enséñeles la importancia de la responsabilidad y la independencia. No los proteja en exceso contra toda la frustración o toda equivocación. Recuerde que equivocarse les ayudará a desarrollar resiliencia y aprenderán a superar los desafíos de la vida.

Décimo, en vez de darles el pez, enséñales a pescar, a esperar y a retrasar la gratificación. Y, no menos importante, permítales que se aburran sin tecnología pues es en ese momento en el que su creatividad aparecerá.

Once, evite el uso de la tecnología durante las comidas, en el carro, en restaurantes y centros comerciales. Más bien utilice estos momentos como oportunidades para socializar entrenando así los cerebros a saber funcionar cuando estén en modo “aburrimiento”

Doce, siempre esté emocionalmente disponible para conectarse y dialogar con ellos y enséñele a auto regular las emociones y habilidades sociales, a controlar la ira y a gestionar la frustración. Enséñele, igualmente, a saludar, a tomar turnos, a hacer filas, a compartir, a decir gracias y por favor, a reconocer el error y disculparse (no los obligue).

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