Pericongo, ¿qué hacer?

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Sobra decir que fueron, o fuimos, muchas las voces que denunciamos una y otra vez el latente peligro que se cernía sobre el paso de Pericongo desde antes de que se produjera el derrumbe del pasado mes de diciembre, que obligó a cerrar parcialmente el paso. Cualquiera que pasara por allí y levantara la vista hacia la montaña se daba cuenta del enorme peligro de que enormes rocas se vinieran abajo en cualquier momento como ocurrió ayer con el saldo mortal que ya conocemos.

Y dijimos que no solo era ridículo sino altamente irresponsable que la concesionaria Aliadas dijera por escrito, a través de su representante legal suplente, María del Pilar Sabogal Urriago el 9 de enero pasado, que transitar por Pericongo era bajo la responsabilidad de quien lo hiciera. Por supuesto que no, que eso no exime de ninguna responsabilidad a Aliadas pues si consideraba de alto riesgo el paso debió hacer dos cosas que no hizo: una, cerrar el paso totalmente y dos, acometer de inmediato y con prioridad tanto los trabajos definitivos de ese tramo, con el viaducto o el puente o el túnel falso que se ha dicho que se haría, al igual que mejorar las vías alternas, especialmente la del paso por el Naranjal.

Pues nada hizo, solo intentar lavarse las manos diciendo que el que pasara por allí, pues de malas si le caía una roca.

¿Qué debe pasar ahora? Es claro que el paso por Pericongo quedará cerrado indefinidamente. Muy triste que hayamos tenido necesidad de un muerto para que eso se hiciera. Pero lo grave para el sur del Huila, para el Putumayo y para el Caquetá incluso, es que quedamos sometidos a dos vías alternas en mal estado, una por Acevedo y la otra por Naranjal con todas las consecuencias negativas que eso acarrea para la economía regional, para nuestro café, para el turismo nacional e internacional, para el ganado caqueteño, para los servicios médicos, para la vida diaria de centenares de miles de personas.

Lo de Pericongo amerita, señor Gobernador, una declaratoria de emergencia social y económica, un llamado urgente al Gobierno Nacional, un debate a fondo en el Congreso de la República a la ANI, al INVIAS, al Ministerio de Transporte. Todos ellos sabían lo que estaba pasando y podía pasar. Y todos saben que la concesionaria Aliadas está paralizada, con graves problemas financieros y jurídicos, con los plazos de la concesión ya vencidos, con las carreteras cada día deteriorándose más y más. Pericongo es hoy el nombre de la crisis para el Huila. Veremos si nuestros gobernantes y líderes saben corresponder a este momento.

Datos finales para asumir esta crisis:
La ruta Altamira – Suaza – Acevedo – Pitalito 70 km
(1 hora 50 minutos con tráfico normal, no con el que se viene)
Altamira- Pericongo – Timaná – Pitalito, que hoy amanece cerrada, tiene 47 km (1 hora con tráfico normal)
Altamira – Naranjal – Timaná – Pitalito 43 km
(1 hora 15 minutos con tráfico normal, no con el que vendrá).

Esta crisis debe provocar, entre otras, que le pidamos a la aerolínea estatal Satena que aumente sus frecuencias de vuelos desde y hacia Pitalito para conectar con Cali y Bogotá. Ojalá se defina desde ya que tengamos por lo menos una frecuencia diaria.

Por: Melquisedec Torres Ortíz
Periodista

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