Pensar y actuar

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Hugo Fernando Cabrera OchoaDeseo comenzar esta columna de opinión citando una frase del filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, que dice: “Hay quienes sólo utilizan las palabras para disfrazar sus pensamientos”, dejándola para su libre análisis tras una reposada reflexión.

Hace unas semanas nos visitó en Neiva, el exalcalde de Bogotá, exrector de la Universidad Nacional y excandidato presidencial Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas, para reunirse con empresarios, catedráticos, académicos y ciudadanos de a pie, en unos espacios propicios para este encuentro, de lo cual quedaron enseñanzas bastante interesantes que muy seguramente pueden haber hecho su ingreso por un oído y haber salido espantadas por algunos de nuestros pensamientos por el otro, pero que deseo remembrar en el día de hoy.

Ante una pregunta que yo le formulé al profesor Antanas referente a que cómo podríamos lograr que la gente en nuestro país tuviera más coherencia entre lo que decía y hacía, haciendo alusión a que muchas personas expresan gruesas alocuciones de moralidad y ética, cambios y reformas de comportamiento y cosas por el estilo, pero continúan en lo mismo, Mockus me contestó:

“Cuando yo me casé, mi boda fue en un circo, no sé si ustedes la recuerdan, en medio del rugido de los tigres de bengala de Raúl Gasca y el barritar de los elefantes. Fue un matrimonio civil con la presencia de un Notario, un Rabino y un Sacerdote Jesuíta. Al poco tiempo fui a una misa y al recibir el Santo Sacramento de la Eucaristía y quien oficiaba la ceremonia me dijo que yo no podía comulgar porque yo no estaba casado por la Iglesia. Pasada la ceremonia me acerqué al Jerarca y le dije que aceptaba que me hubiera negado la comunión, pero le pregunté cómo hacían las señoras que planificaban con métodos químicos y comulgaban cuando la iglesia sostiene que “los anticonceptivos separan de forma arbitraria y hasta agresiva, el acto conyugal de su natural apertura a la vida, destruyendo u obstruyendo la fertilidad, y con ella el poder creador de Dios que le es encomendado a su responsable arbitrio”. A lo que él me respondió: Es que ellas lo hacen en privado”.

Yo soy creyente católico y trato de vivir en armonía con las reglas de la Santa Madre Iglesia Católica y el símil que hago, lo utilizo con sumo respeto para con ésta, pero lo que deseo es tratar de hacer ver que no todo lo que brilla es oro y no todo aquel que abiertamente se muestra como es, es más pecador que el que se esconde tras velos y cortinas, discursos y expresiones.

La doble moral es propia de los seres humanos y caemos en esos pecados comportamentales que hoy en día son más férreos muy a pesar de los juicios a los que nos sometemos ante la sociedad que vigila cada acto de sus semejantes, pero que finalmente acepta muchos de ellos y termina admitiéndolos cuando se convierten del público conocimiento de todos.

Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa – hfco72@gmail.com

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