Ovejas Negras

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¿Hay algo peor por estos días que ser feminista? A veces pareciera que no. Pensémoslo bien… somos las locas, las exageradas, las odia-hombres, las feas, las resentidas, las radicales, las marimachas; mejor dicho, las ovejas negras.

A mí personalmente me tiene sin cuidado que me señalen por ir en contra de la corriente, pero lo que me preocupa realmente, es el desprestigio casi visceral hacia un movimiento que me ha permitido a mí y a muchas estar donde estamos. Nos guste leerlo o no, fueron las feministas que nos antecedieron las que se dieron la pela por el acceso a la educación, por votar, tener cédula, heredar y poseer propiedades.

Jane Austen, una de mis escritoras favoritas, y famosa por obras como Orgullo y Prejuicio y Persuasión, murió sin ver sus libros publicados con su nombre, al principio ella debía firmar con un pseudónimo masculino, y luego simplemente como: “una dama”. Haga de cuenta que yo tuviera que firmar esta columna como Pepito Pérez, de lo contrario no me publicarían.

Gracias a los cambios que el feminismo le ha exigido hacer a la cultura no tengo que ocultar que soy mujer para ser leída. ¿y saben? Tampoco quiero ocultar que soy feminista. No, señores y señoras… eso no me convierte en un monstruo ni en un extraterrestre, bajen la guardia. ¡Claro! Las feministas estamos enojadas ¿por qué sonreír complacientemente cuando en el Huila a tan sólo 15 días de iniciado el nuevo año ya se presentaron dos feminicidios? Pedir que eso no nos enoje, es como pedirle a usted que haga fiesta porque se cae un puente recién inaugurado o porque el aumento al salario mínimo es insignificante.

Si a usted le emberraca la corrupción, el IVA, las inhabilidades a los magistrados de la JEP o que Gerlein se la pase dormido en las sesiones del Congreso ¿por qué nosotras no podemos emberracarnos por la distribución desigualdad de las tareas en el hogar o porque sagradamente, cada año, a las niñas de este país les regalan cocinitas y cochecitos? A mí me emberraca vivir en una sociedad en la que si me violan es mi culpa; que porque me fui de viaje, que porque me emborraché o que porque caminé sola por la calle.  Al contrario, ¡me parece nefasto! Y por eso soy feminista, porque necesitamos del feminismo para ser más libres y para reclamar no ser castigadas por ello.

Pero no sólo soy feminista porque las mujeres aún lo necesitemos, soy feminista porque el mundo lo necesita. Y con eso no me refiero a que necesite menos hombres u hombres subyugados, me refiero a que necesita justicia, libertad, solidaridad, empatía e incluso rebeldía.

Han sido las feministas antimilitaristas quienes rechazan la guerra y recogen memorias de mujeres en los conflictos armados. Han sido las ecofeministas quienes se movilizan contra la explotación de la naturaleza, en busca de la justicia ecológica y reivindicando saberes ancestrales. Han sido las feministas negras las que nos enseñaron que el racismo se acaba, sólo mediante la erradicación de las desigualdades de género y viceversa, así como las feministas populares le hacen ver al mundo que la libertad de los pueblos es la libertad de las mujeres y que, sin la libertad de las mujeres, los pueblos y territorios nunca serán libres. Son las lesbianas feministas y los transfeminismos, quienes luchan porque cada persona tenga el derecho a ser y a amar como mejor le parezca, para que nunca más existan mujeres transgénero asesinadas, ni nunca más mujeres lesbianas violadas para que “aprendan lo que es bueno”.

Son las feministas de ayer y hoy quienes nos dicen a las mujeres que podemos escoger nuestros destinos, que la casa y la cocina tienen que ser compartidas, que la maternidad no es una obligación, que el placer sexual también es para nosotras, que nuestro cuerpo es nuestro y de nadie más, que está bien poner límites y decir que no, que el amor no es posesión y que las demás no son competencia.

La lista es interminable, pero Mary Shelley (sí, la autora de Frankenstein) sin duda lo resume mejor que yo: no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas. Decir que las feministas odiamos a los hombres y queremos acabar con ellos, es tan absurdo como decir que los animalistas quieren acabar con el ser humano. Y como yo sé que acá hay mas de uno/a que es fan de la RAE y lo que diga ese mamotreto es ley divina, pues adivine qué dice sobre el feminismo la Real Academia Española: Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. ¿Cómo le quedó el ojo? Basta leer y darse cuenta de que no somos la encarnación del anticristo.

Eso sí, al que le faltó leer un poquito fue a Ricardo Arjona (para más información remítase a la letra de la canción Mujeres) porque el machismo y el feminismo no son iguales, ni son las dos caras de una misma moneda. Incluso la RAE lo sabe, vean lo que dice:

Machismo

De macho1 e -ismo.

  1. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

¿Si ven que no digo mentiras? Y como siglos de movilizaciones, de conversatorios, de juntas políticas, de foros, de acciones públicas y de producción académica de las feministas, a algunos no les convencen, al menos créanle a la RAE. De hecho, todo el tiempo las feministas tenemos que lidiar con la actitud de prepotencia de aquell@s que nos quieren explicar por qué “ni de fundas serían feministas”, sin si quiera haber leído la definición de Wikipedia.

Yo sé que sobre este tema hay mucha tela por cortar, por eso este nuevo año vamos a seguir dando lora, a ver si algún día le perdemos el miedo al feminismo y de paso, dejamos de dar por sentado todo lo que tenemos, porque esa herencia de libertad tiene nombre propio.

¡Por un feliz y feminista 2018!

Por: Claudia M. Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

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