Orgullosamente bruja

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¡Qué pereza la Sirenita o Blancanieves! Yo quiero como ser Úrsula o Maléfica: desobediente, fuerte y con estilo.  Malas noticias Disney y hermanos Grimm, a pesar de su mala propaganda, las brujas son lo máximo y hoy se tomaron esta columna, (jajajaja).

Vamos a empezar con un hecho irrefutable, así no les guste a muchos… a las mujeres nos pasa como a la Gloria Trevi (otra que de santa no tiene un pelo, por eso te queremos cuando lo llevas suelto). La gente nos señala y nos apunta con el dedo cuando queremos hacer algo que a los tipos les aplauden y les celebran desde chiquiticos.

No necesito bolas de cristal para leerles la mente, sé exactamente qué están pensando, pero no me lo sopló el chocolate, ni las cartas. Lamento decirles que no estoy hablando de irse a comprar cigarrillos y nunca volver, de dárselas de santos en la casa y tener cuenta en Tinder, incluso viajar por el mundo o estar solteros a los 40. Estoy hablando de magia.

Como en muchos otros casos, lo aprendimos todo mal y no fue culpa de ningún hechizo, estaba fríamente calculado. En las películas y cuentos infantiles que usted y yo conocemos, un hombre que hace magia es un viejito bonachón y adorable, como el mago Merlín: vestido de estrellas, con varita mágica, consejero de un futuro rey y hasta parcero de Mickey Mouse.

Pero gracias a los hermanos Grimm (¡hombres tenían que ser!) a las mujeres que hacíamos conjuritos, las alquimistas, sabias y yerbateras, nos fue “como a los perros en misa” ¡muchas gracias, par de genios! Lo único que hicieron bien fue ponerle vestido al mago.

No pocas generaciones crecieron sintiendo pavor y repulsión por esas mujeres viejas, de nariz puntiaguda, largos vestidos negros, cabello gris y lunares con pelos, definitivamente eran peores que el coco. Y ni hablar de sus eternos compañeros, calderos con menjurjes verdes y gatos negros.

Pues déjenme decirles que las brujas no son como las pintan, no señores.  Se fregaron los que llaman así a la ex que ya no les come cuento o a la suegra que no los quiere (sabrá Dios porqué será, si son tan santos). Éste insulto está mandado a recoger y las brujas se están poniendo de moda. O si no que lo diga Úrsula, la hermana de Tritón (rey del reino marino y padre de la Sirenita) a la que por herencia no le tocó sino una cuevita, tan raro ¿no?

Mientras Ariel aceptó perder su voz, alejarse de su familia y deshacerse de su cola de sirena por amor (pésimo ejemplo Disney, pésimo ejemplo) Úrsula rompió con los cánones de belleza. Nuestra antagonista no tenía un tentáculo de recatada o delicada, su figura y su personalidad eran gigantes y fabulosas. Lo más genial de Úrsula era el orgullo y la seguridad con los que se pavoneaba, porque pudiendo adoptar cualquier forma -una más delgada o esbelta- ella eligió sentirse maravillosa en sus curvas y su vestido negro ¡bravo Úrsula, bravo! Ése si es un gran ejemplo.

Pero venga le digo, que ahí no acaba la cosa. Coja su maleta porque nos vamos para el siglo dieciséis, porque lo que tampoco nos contaron, lo que desapareció de la Historia como por arte de magia, es que las mujeres exterminadas por 200 años en las cacerías de brujas, no eran esposas del diablo ni mucho menos.

De hecho ¡no eran esposas de nadie! Ellas eran parteras, sanadoras y líderes espirituales que no dependían de ningún hombre (no tenían marido, hermanos o hijos). Tanto miedo les tenían a esas mujeres poderosas, sabias y libres que las acusaron, las quemaron, las ahorcaron y se quedaron con sus propiedades. Una historia sin final feliz… y lo peor, es que terminaron siendo las malas del cuento, literalmente.

Entonces déjese de vainas, saque a pasear su bruja interna y no se excuse por ello. Sea la desobediente, la indisciplinada o la que habla con las plantas, vístase y véase como quiera, preferiblemente hágalo con sus amigas, los aquelarres necesitan montonera. Vamos a ser orgullosamente brujas y que como Gloria Trevi, nos importe un bledo, y lo mejor, ya no nos van a quemar por no tener miedo.

Por: Claudia Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

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