No seremos los mismos

No seremos los mismos

Después de todo esto que ha generado en la humanidad el coronavirus, es difícil suponer que podremos ser los mismos o que olvidaremos con memoria indiferente los días y la experiencia de cada persona en este, que finalmente, es un breve espacio de tiempo en la historia del ser humano.

Es quizás, una de las principales enseñanzas, volver a ser humanos en la simplicidad de nuestra búsqueda de felicidad en el bienestar que subyace del amor propio y en el amor por los demás y el respeto a la naturaleza.

Todo esto recalca la importancia de disfrutar de la simplicidad de las cosas y de lo perdidos que estamos en el afán de la búsqueda de felicidad teniendo como Dios el dinero y el trabajo desenfrenado sin disfrutar cada oportunidad de estar vivos cada día, para ser mejores personas y sobre todo verdaderamente complacidos con la vida.

Se pone a prueba el consumismo que nos tiene ahora también arrodillados. La angustia por los alimentos no se puede desbordar al punto de pensar que vamos a morir de hambre, es una oportunidad también para entender la importancia de alimentarse bien, sin exageraciones que tienen al mundo colapsado de obesidad y enfermedades crónicas que pueden evitarse con una correcta educación nutricional que debe ser desde la infancia como también la educación en inteligencia emocional.

Las sociedades en sus diferentes lenguas muestran en estas circunstancias todas las debilidades en sus sistemas de salud y de educación y termina siendo el mismo miedo universal en cualquier humano que siente la fragilidad en la que aún estamos con este desborde de arrogancia por las diferentes manifestaciones de lo que hemos llamado el poder.

Reponernos y superar todo esto no debe implicar el olvido de lo que realmente somos, seres humanos que necesitan vivir mejor, pero de verdad, sin acabar más el planeta mientras millones de personas padecen la miseria por la concentración de la ambición y de tantos escenarios macabros que terminan vidas, sueños y que siguen manchando esta historia que no termina de la lucha sangrienta por ser más y tener más, ¿más para qué?  Nuestros niños, ojalá, sean los que se beneficien de un mañana que pueda ser mejor, donde la vida sea respetada y se valore realmente lo importante que es la salud y el bienestar enmarcados en la determinación de la educación por encima de seguir alimentando el poder para la guerra entre nosotros mismos, esas no son las guerras que la humanidad necesita preparar.

Esto no es tan simple como un virus pasajero y que superará la ciencia, el trasfondo es quizás que el poder de este virus doblegó a los habitantes de este planeta moribundo para decirles que si es posible unirse por las causas verdaderas que generan la evolución que realmente necesitamos y que ningún país es dueño de la vida ni mucho menos de la esperanza.

¡No seremos los mismos!

Por: Carlos Cabrera C. – ccabreracollazos@gmail.com
Twitter: @CarlosCabreraCC

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