#NiUnaMenos

TSM Noticias
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El lunes pasado me levanté muy temprano como es habitual y lo primero que hice fue encender la radio, que siempre está sintonizada en el dial de Caracol Básica para enterarme de las últimas noticias y precisamente de la voz de Darío Arismendi escuché el informe relacionado con el asesinato de una niña de sietes años que había sido raptada en el barrio Bosque Calderón de la localidad de Chapinero en la ciudad de Bogotá.

Desde los primeros testimonios enunciados por el periodista de esta prestigiosa cadena radial me pareció escabroso el insuceso y a medida en que pasaban los segundos y se ampliaba la información, el tema se volvía mucho más triste, primero por el hecho mismo de ser una indefensa niña de tan corta edad; segundo por ser mujer; tercero por la forma en que fue secuestrada, ultrajada, abusada y asesinada; y cuarto por el origen del lunático que cometió esta barbaridad.

Aunque a esa pobre niña no hubo quién la ampara y la defendiera de las garras malignas de su agresor, a ese desquiciado animal si lo pudieron proteger ingresándolo seguramente con mentiras a un centro médico para darle tiempo de recuperar su estado normal, luego de estar bajo los efectos del alcohol y los alucinógenos.

Como con cada hecho que acontece en este país de mala memoria, la gente se arrevolvera y arma escándalos, marchas y plantones por un tiempo verdaderamente corto, este acto de violencia también ha despertado nuevamente el sentir de todos los colombianos por estos días y aunque suene cruel o crudo es la realidad nuestra y pudiera hacer una larga lista de sucesos salvajes, muy extensa, que han movido al país y dedicar muchos escritos a mencionarlos y seguramente me volvería intenso o aburridor para muchos y tal vez dejarían de leerme porque me calificarían de monotemático, pero una vez más con este hecho se revive la vieja propuesta de cadena perpetua para violadores y asesinos de niños y niñas, la castración química y hasta suena de nuevo la pena de muerte, pero creo que una vez más se apagarán las llamas antes de cocinar el tema y desempolvarán la propuesta luego de otro crimen similar.

Sin mentir una palabra, la noticia me llegó al corazón de manera más fuerte cuando acudí a las habitaciones de mis hijas de siete y tres años y las vi dormiditas allí en su cama, tan tiernas e indefensas, tan pequeñas, frágiles e inocentes, y en realidad no comprendí cómo alguien podía actuar de manera tan salvaje y despiadada.

Para la demanda noticiosa actual o la oferta de información este tema puede resultar un refrito o estar fuera de contexto para hoy viernes, pues así somos los colombianos; ya no hablamos de los jóvenes jugadores del Chapecoense FC, ni de Dora Lilia Gálvez y seguramente no sabemos quién fue Rosa Elvira Cely, la memoria no da para tanto.

Pero es preciso que comencemos a hacer un ejercicio de reminiscencia permanente de todos estos actos para exigir con vehemencia justicia y protección especial para las mujeres, y para los niños y niñas de nuestro país, por ello debemos decir #NiUnaMenos

Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa – hfco72@gmail.com

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