Música y río

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Afortunadamente el maestro José Barros nació hace un siglo, esta circunstancia le permitió desde El Banco, su ciudad natal, contemplar la vitalidad del río de la Magdalena, e inspirarse para escribir algunas de las más bellas notas del folklor nacional, se le ocurrió hacerle un himno a la Piragua del cachaco Guillermo Cubillos, que navegaba al empuje de doce bogas de color majagua que le sacaban a los remos música de cumbia, ritmos y ritos que los rivereños del alto Magdalena se resisten a perder y por lo que iniciaron el pasado 14 de marzo una movilización por “el río de la vida” desde sus orígenes en el Macizo Colombiano pasando por San Agustín en donde el escritor William Ospina afirmó:  “…no creo que haya que ser enemigos por principio de las modificaciones que la cultura puede obrar sobre la naturaleza. Pero la humanidad tiene que ser consciente de que su labor altera, a veces de una maneta irreparable, el orden natural, y por ello tiene que ponderar la magnitud de su influencia, calculando los riesgos, para no obrar alteraciones destructivas”.

Luego en La Jagua y Hobo los desplazados por la represa de El Quimbo, productores del campo y pescadores de chinchorro, pudieron dar testimonio de su frustración por el atropello a sus justos reclamos y en contraste los privilegios a la multinacional EMGESA, los embarcados prosiguen su camino hasta bocas de ceniza donde al terminar habrán dado testimonio de quienes comprenden la urgencia de recuperar la soberanía del río para los colombianos.

Los biógrafos del maestro a quien llaman el compositor del río, cuentan que en su pobreza para sobrevivir tuvo que recurrir a la minería, a la batea, hoy podría sufrir los rigores de la legislación que criminaliza a quienes se atreven a minear mientras que se concesiona media nación a las multinacionales mineras que arrasan con todo con tal de saquear las riquezas naturales.

Los alegres pescadores  de las melodías de Barros ya no tienen fortuna, ya no hablan con la luna, no hablan con la playa, ya ni siquiera pueden usar su atarraya.

Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com

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