Metamorfosis

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La democracia, más que un simple sistema de gobierno es una promesa cuyo culmen no es otra cosa que un constante trabajo en pro de un Estado de cosas utópico.

Es un sueño cuya concreción no es un asunto fortuito, sino una convergencia paulatina de hechos sociales, políticos y culturales que hacen de los ideales de justicia, equidad, tolerancia y acogimiento de la diversidad, unos principios de buen recibo.

Y para esto, la construcción de narrativas resulta fundamental, puesto que de ahí surgen los papeles que la sociedad nos llama a jugar en esa consecución calmosa de los cambios por todos deseados.

Sin embargo, no puede obviarse que los cambios en política no solamente penden de un viraje discursivo sino de una diferencia en el actuar. Y en esto tristemente no hemos visto mayor diferencia entre el gobierno Petro y gobiernos precedentes, más allá de una ampulosidad retorica que lleva al presidente a nominar su administración como el “gobierno del cambio”, sin que dicho título se acompase con la realidad que los colombianos nos hemos visto abocados a padecer.

Y no es otra cosa que un gobierno desconectado de la realidad, cegado por una ínfima victoria electoral, de visos autoritarios cada vez más evidentes, cuya relación con el congreso no deja de recordar las aplanadoras soldadas con mermelada de Santos y Duque, cuya estrategia de seguridad no ha reducido la violencia y cuyos amanuenses muestran una solidaridad de cuerpo calcada del uribismo a la hora de minimizar los constantes escándalos que envilecen la labor del gobierno.

Ciertamente no estamos ante un cambio político, sino ante una metamorfosis narrativa que desesperadamente intenta ocultar la pavorosa realidad. Pues si de algo estoy seguro, es que el mayor opositor al presidente no es Uribe, sino el Petro de antaño cuyos imperativos de entonces distan de los hoy ejercidos por su gris gobierno.

Por: Juan Mateo Lozano Guarnizo

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