¡Lo que queremos pero no hacemos!

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MÚSICA.  Uno de mis artistas favoritos es Diego Torres, no por la pinta, no señor, me encanta la facilidad con la que me convence, lo que logra transmitir en cada uno de los momentos que tengo el gusto de escucharlo.

Si tuviera que comparar el efecto que tiene sus letras y sus tonalidades, diría que es como cuando uno cambia de shampoo, y depura los restos de lo que ya no quiere en su cabeza. Al final uno se siente limpio y liviano-renovado.

Volviendo al tema de la música y las despedidas, hay una canción que me ronda, hace ya varios años, esas que quieren que las adoptes como himnos universales, pero que solo cuando la nota se resalta con esa sensación de lo vivido, no se hacen indispensables. Bueno, hay una de esas, que entona el señor Diego Torres, se llama “Zamba para Olvidar”. La letra y la música es de la Señora Mercedes Sossa, pero él siempre quiso hacerla con ella. Lamentablemente tuvo que irse la Señora de la poesía latina para que este hombre se atreviera a realizar ese tributo con el que siempre soñó. Existen versiones con otros colaboradores, y algunos arreglos digitales donde cantan juntos.

La realidad es que cuando ella decidió dejar este plano material, Diego tomó la fuerza y empezó a trabajar en la versión que en solo le tocó entregar al mundo como homenaje a la gran señora. La hermosa letra cuenta la historia de un par de amantes que se dejaron hace muchos años (da la impresión), ella ya lo olvidó (supuestamente) y el regresa tarde a tratar de resolver algo (creo yo) nunca pudo concluir.

Y retomando un fragmento de la letra reza así: “No sé para qué volviste si ya empezaba a olvidar, No sé si ya lo sabrás, lloré cuando vos te fuiste, No se para que volviste, que mal me hace recordar”.  “Para que vamos a hablar de cosas que ya no existen, no se para que volviste, ya ves que es mejor no hablar”… “Qué pena me da saber que al final de este amor ya no queda nada, solo una pobre canción da vueltas por mi guitarra, y hace rato que te extraña mi zamba para olvidar”.

En mi escala musical de amor, se gana un buen lugar, más que la letra una buena canción se añeja en el alma por lo que el artista logra transmitir. Y la verdad, cuando escucho esta canción me transporto, me puedo imaginar lo que se puede sentir, perder el amor de tu vida, dejar escapar el tiempo en los dedos, la necesidad ajena de remediar algo cuando metimos la pata.

A pesar de no tener un final feliz, es indiscutible no sentir el amor que en cada palabra estos dos le imprimen, juntos o separados, me enamora, me transporta a lo que deja el sin sabor de lo perdido y la lucha por el olvido de lo que ya no nos pertenece.  Un temor enorme, dejar de hacer lo que debo hacer, dejar pasar el tiempo, que no se repite, a pesar de tener la misma medida- segundos y minutos- no se puede recuperar. La lista de las cosas que queremos hacer cuando somos más pequeños es más extensa, y se ve menos temeraria. En la presentación de Diego Torres donde la canta solo, a pesar de una excelente interpretación, se nota el vacío- la desigualdad y el esfuerzo por dejar en las notas ese mensaje para Mercedes- lo que queremos pero no hacemos-.

A la señora Mercedes un recuerdo infinito desde este papel, al señor Diego Torres un agradecimiento por esos paseos por la historia ajena. Al que lea este mensaje solo la excusa para la reflexión de revisar esas cosas que dejamos de hacer cuando las queremos hacer, no esperar a que sea realmente tarde… para algunos que ya no están, para lo que no supimos entregar, amores huérfanos, ausencias infinitas, solo por una trasposición equivocada del tiempo. ¡No somos eternos!.

Por: Martha Olmos

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