Si algo ha demostrado estas elecciones, es que los discursos contra la diversidad sexual son muy rentables electoralmente hablando. ¿Ah? ¿cómo así? Pues sencillo, que despotricar contra lesbianas, gays, bisexuales o personas trans le sigue asegurando votos a mucho político que anda suelto y con ganas de echarse al bolsillo del fortín electoral de la masa conservadora y anti-derechos de este país.
De hecho, gran parte de las adhesiones que ha recibido el candidato del Centro Democrático por parte de sectores religiosos ortodoxos y ultraconservadores, han puesto en el centro de sus “acuerdos programáticos” la defensa de la familia; forma políticamente correcta de llamar a la lucha frontal en contra el matrimonio igualitario, la adopción de parejas del mismo sexo y otras demandas propias de la agenda de los movimientos por la diversidad sexual en nuestro país.
Con todo esto, a los ojos de cualquiera puede parecer que las creencias religiosas son incompatibles con ser un gay o una lesbiana orgullosa, pues ¿quién querría pertenecer a una iglesia o profesar una fe que ha hecho explícita la discriminación en su contra? ¡Ni bobo que fuera uno!
Sin embargo, la realidad es otra… muchos de nosotros nos rehusamos a renunciar a nuestra fe tanto como nos rehusamos a sentir culpa o vergüenza por ser quienes somos.
Personalmente, como mujer lesbiana, valoro y defiendo mi libertad tanto de amar como de creer, lo cual implica luchar activamente por el reconocimiento de la sexualidad y la espiritualidad como dimensiones inherentes a la dignidad humana.
Cualquiera diría que esto es una locura, porque si bien “Dios ama el pecador, más no el pecado”, y peor pecado que la homosexualidad ¡ninguno! Ni si quiera la pederastia de los curas, la acumulación de desproporcionada de riquezas o la indiferencia frente al sufrimiento humano.
Pero el conversatorio organizado por Sentido[1] el pasado 12 de junio en la ciudad de Bogotá y transmitido vía Facebook Live, titulado “Ser LGBTI y profesar una fe”, dejó muchas luces sobre los puentes que podemos tender entre espiritualidad y diversidad sexual. El primero de ellos, la apuesta radical por retomar los postulados cristianos del amor, la justicia social y la dignificación de los sectores sociales tradicionalmente más excluidos.
Esta postura, lejos de ser una herejía, retoma a Jesús como ejemplo de vida humana puesta al servicio de los olvidados por el poder político, económico y religioso. Haciendo de mujeres, enfermos y personas empobrecidas, sujetos de justicia y exaltación, pues fueron ellos con quienes caminó y desafió todo orden institucional basado en la tiraría, la explotación y el señalamiento.
Al respecto, las personas invitadas al conversatorio entre las que se encontraban Amparo Beltrán, comunicadora y teóloga feminista, el pastor de la Iglesia Colombiana Metodista, John Botia y el sacerdote anglicano y líder LGBTI Iván Darío Gutiérrez; invitaron a reconocer en las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas, esos rostros contemporáneos de la exclusión y la marginalidad, llamando así la atención sobre el compromiso que deberían tener las iglesias con su inclusión y dignificación, tal como lo hizo Jesús en su tiempo.
Pero las iglesias nos han fallado, han utilizado el pecado y la culpa como herramientas de manipulación y nos han obligado a muchos/as de nosotros/as a creer que debemos “corregir” nuestra orientación sexual para profesar nuestra fe. Nada más falso que esto, pues en algún momento la biblia se utilizó para justificar el racismo o la exterminación de indígenas, también se utilizó para conservar a las mujeres en la casa y someterlas a la obediencia de sus maridos.
Hoy se utiliza para negarnos derechos y para negociar votos (¡Sí! Estoy hablando de Duque, el MIRA, Viviane Morales o Alejandro Ordoñez) pero nuestra libertad de ser, amar y creer, así como los valores del Estado laico, no los negociamos y los defenderemos este domingo en las urnas.
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[1] Es un espacio de periodismo, análisis y opinión sobre diversidad sexual y de géneros (LGBTI). Un medio de comunicación y un formador de opinión que invita a la reflexión, la participación y al debate por medio de un periodismo independiente, serio y responsable. Tomado de https://sentiido.com/sobre-sentiido/
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Por: Claudia M. Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

